La Mirilla
21 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los hados quisieron compadecerse ayer de nosotros y nos obsequiaron con un espléndido día de sol (por otra parte, ya iba siendo hora, porque menudo veranito que nos están dando). En fin, que toda mi tropa familiar puso rumbo a la playa, pero yo, ya ven ustedes como les quiero, me fui a la Fiesta del Pulpo de Mugardos dispuesta a no perder detalle, para contarlo luego aquí. Y con la firme intención, además, de hacerme con la genuina receta del pulpo a la mugardesa . Nada más llegar al pueblo, en el ambiente ya se intuía que se estaba armando una buena: por la avenida prinicipal del Concello subía y bajaba la gente con cara de felicidad, había banderitas colgando de un lado a otro de las fachadas y la música sonaba aquí y allá. Ya abajo, donde Mugardos se funde con el mar, llegaba la confirmación: un paseo plagado de gente, muchas pandillas con camisetas haciendo alusión al pulpo mugardés, cómicos homenajenado a Pedro Luque y al bífidus de José Coronado (por respeto a ustedes, no entraré en detalles sobre cómo lo hacía este último) y, ya al final, junto al edificio del reloj, una carpa. O, mejor dicho, LA carpa. Además de un ejército de comensales, allí me aguardaban todos los secretos del mejor pulpo a la mugardesa. Doy un salto en el tiempo y ya estoy en la carpa. Aquí trabajan sin descanso los voluntarios de las seis sociedades que, en colaboración con el Concello, hacen posible la fiesta. Se les reconoce fácilmente porque todos llevan camisetas azules, pero cada uno está en el mostrador que le corresponde. Leo los carteles y me entero de cuáles son esas seis sociedades que arriman el hombro para que todo salga a la perfección: el Club del Mar, la Agrupación de Montaña Bestarruza, el Casino Mugardés, la Asociación Noville, el Casino de San Juan y el Galicia de Mugardos. En el del Club del Mar me hago con el primero de los secretos para que el pulpo salga a pedir de boca. Entre plato y plato, me lo sopla al oído Matilde, una de las voluntarias: «Lo más importante es que el pulpo sea de la ría, porque es el más rico». Perfecto, ya lo tengo anotado. ¿Y después? «Después hay que asustarlo tres veces al meterlo en la olla y dejarlo cocer el tiempo que necesite, más o menos unos tres cuartos de hora», me cuenta sin parar de trabajar. Ahora que ya sé cómo cocerlo, necesito que alguien me explique cómo prepararlo. Y para eso está, la mar de sonriente y amable como el que más, en el mostrador del Casino Mugardés, Miguel Rodríguez, quien además me cuenta que en esta fiesta se están sirviendo ni más ni menos que 1.200 kilos del cefalópodo de los ocho tentáculos. En raciones, unas 3.000. Casi nada. Pero a lo que íbamos. Miguel, al que en la faena le echa una mano su sobrino Pedro, me proporciona el segundo secreto: «cuando se corta, el pulpo tiene que estar aún caliente, porque si no se le despelleja la piel». ¿Y la salsa? Todavía me falta lo más importante, la receta de la salsa que distingue al pulpo mugardés. Pero ahí, en el mostrador del Casino de San Juan, está Marisa Freijomil, ama de casa y jubilada de toda una vida de trabajo en los fogones, a la que no le importa nada convertirse en mi confidente. «No te preocupes que es muy sencilla: en aceite de oliva se fríe cebolla, pimiento verde y pimiento rojo, todo muy picadito, después se se le añade pimentón, una pizca de sal...¡Y ya está!». Ya tengo los tres secretos, así que ahora voy a ponerlos en práctica. Aunque, no sé por qué, pero me da que no me va a salir tan rico como el que ayer probé en Mugardos. Sencillamente, es imposible.