Arriva, la policía y los servicios de emergencia ensayan cómo paliar los efectos de una explosión en la terminal ferrolana
08 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Uno de los autobuses aparcados en la estación de Ferrol explosiona a las 10.30 horas. En la terminal hay más de treinta personas a esa hora entre los empleados y los pasajeros de otro bus que acaba de llegar. El vehículo no es lo único que ha saltado por los aires, se ha declarado una segunda explosión simultánea en las oficinas. Mientras el humo invade las instalaciones y el interior del autobús afectado, el personal de la estación evacúa a los usuarios hacia la zona del aparcamiento, pide ayuda y comienza a buscar y atender a los heridos. Pronto se advierte que hay al menos dos persona atrapadas en el transporte y otras tantas desaparecidas en las oficinas.
La ayuda llega en bloque y en un margen de unos diez minutos: patrullas de las policías local y nacional, el 061, Protección Civil, los bomberos... Inmediatamente, bajo la mirada atenta delos vecinos que siguen la acción desde las ventanas de las viviendas próximas, se apaga el fuego y los bomberos, equipados con máscaras antigás, entran en el bus y las oficinas para encontrar a los heridos.
A las 10.40 la estación ha sido evacuada y en unos diez minutos más todas las víctimas reciben atención médica o están camino del hospital. Poco después, a las 11.00, incluso se ha retirado el humo de la estación. Fin de la situación de emergencia o más bien fin del simulacro.
El ejercicio, organizado por la empresa de transporte Arriva con la colaboración del Ayuntamiento y de los organismos de seguridad participantes, pretendía examinar la capacidad de respuesta ante una eventual catástrofe en la estación.
El resultado fue «bueno», según el responsable de Desarrollo de Arriva, Javier Gilda, que destacó la rapidez con que se evacuó la estación y comenzó a atenderse a los heridos simulados. Gilda señaló que la empresa había preparado el simulacro durante «casi un año» y, visiblemente satisfecho con el resultado, agradeció la participación de la policía y los servicios de emergencia.
Fue un simulacro, así que de explosiones en el autobús y las oficinas, nada. Se utilizó humo artificial, de ese que aprieta pero no ahoga, y varios puntos de fuego para simular el incendio. Los «heridos» fueron voluntarios y, aunque el asunto no fuese real, «tampoco es demasiado agradable estar ahí metido con todo el humo y que te saquen en volandas los bomberos», comentaba uno de ellos al terminar el ejercicio.
Los viajeros reales que fueron «evacuados» vieron la maniobra desde el aparcamiento. Nadie se quejó, ya que no fue necesario cambiar el horario habitual. ¿Se sentían más seguros? «Home, tal e como está todo estas cousas hai que facelas», concluyó Severo, uno de los espectadores, aunque supuso que «se fora de verdade correrían máis ¿non?».