Aunque llegaron a él por vías diferentes, padre e hija comparten su pasión por el surf; les basta Doniños y una tabla para sentirse completamente felices
13 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Carlos Bremón recuerda perfectamente la primera vez que se deslizó sobre las olas a lomos de una tabla de surf. Fue en la playa de Barrañán, tenía 24 años y aquel debut resultó fallido. «No logré ponerme en pie y, al llegar a la orilla, me estampé contra la arena... La tabla terminó por un lado y yo por el otro», recuerda este coruñés que ahora, tras casi treinta años viviendo en la ciudad de las grúas y los astilleros, ya casi se siente ferrolano.
En la época que rememora Bremón los surfistas eran poco menos que «cuatro chalados». «Cuando llegué a Ferrol, a principios de los ochenta, en Doniños sólo hacían surf los hermanos Antón y Abeledo; ellos fueron los que pusieron la semilla y, después, poco a poco, cada vez se fue sumando más gente, pero fue un proceso muy lento», advierte Bremón echando la vista atrás.
En aquellos años no había escuelas, ni monitores, ni manuales a los que echar mano, así que los pocos pioneros del asunto -entre ellos, el actual alcalde, Vicente Irisarri, con el que luego Bremón prendería la mecha del Pantín Classic- se veían obligados a aprender a golpe de meterse en el mar una y otra vez. Sin más maestros que su inquietud y sus «ganas de aventura».
El caso de su hija Cristina -una chica de 16 años que no desentonaría en una playa californiana- es completamente diferente. Porque la suya no fue una cita a ciegas con el surf. Creció entre tablas y trajes de neopreno y recuerda muy bien las muchas tardes de invierno que, siendo niña, se pasó en el coche, a orillas de la playa, esperando a que su padre saliese del mar.
Pero fue hace casi cuatro años cuando de verdad le picó la curiosidad. Un día, con 13 años, paseando por Doniños, Cristina se encontró con Kako García y Erika Franco, entre otros jóvenes surfistas de Ferrol. «Me preguntaron si quería aprender con ellos y yo enseguida les dije que sí», apunta muy tímida Cristina. Desde entonces, Kako García ha sido su entrenador.
Aunque reconoce que, de vez en cuando, le da algunos consejos a su hija, Carlos asegura que no le gusta adoptar el papel de maestro con ella: «Los padres no solemos ser buenos profesores, porque, sobre todo a ciertas edades, no tenemos tanta credibilidad para los hijos».
Con el tiempo y mucho trabajo -Cristina entrena cinco días a la semana-, la hija de Carlos Bremón fue mejorando y, poco a poco, consiguió hacerse un hueco en el ruedo competitivo. El año pasado quedó segunda en el circuito gallego júnior y en el Open de Galicia y, además, obtuvo una cuarta posición en el circuito júnior de España. ¿Le gustaría dedicarse al surf en el futuro? «Claro que sí, no veo encerrada en una oficina ni nada así, pero sé que es muy difícil vivir de la competición... Tal vez de profesora sí, pero aún no lo tengo muy claro», responde Cristina pensando en su futuro.
Su padre se mete entonces en la conversación y asegura que, decida lo que decida, lo más importante es que trabaje en algo que a ella le haga feliz. Cristina admira de él su garra, aunque «le falla la técnica». Y él de ella, sus «ganas de trabajar» y de sentir el deporte como lo hacen «los verdaderos surfistas». ¿Y quiénes es un verdadero surfista?, se le pregunta antes de la despedida. Carlos responde enseguida: «El que cuando llega a una playa, no piensa en dónde colocará la toalla o si solplará el viento, sino en cómo se hará surf en ella».