Con el sol, llega también el problema de dónde dejar el coche. La Voz recorre los arenales de Covas, en donde el colapso evidencia la escasa preparación para el tráfico
12 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hay una hora clave para ir a la playa en Ferrol. A partir de las cuatro y media de la tarde, encontrar un sitio en el que aparcar sin tener que darse el gran paseo para tumbarse en la arena es como encontrar una aguja en un pajar. Aún así, los conductores aprovechan los lugares más impensables para, aún a riesgo de dejarse sus coches en el intento, tener el vehículo al pie de la toalla.
Uno de los lugares más conflictivos es la franja de Covas comprendida entre las playas de O Vilar y Esmelle. A esa hora, el aparcamiento provisional habilitado a lo largo de la carretera está colapsado, y los coches ya prueban suerte en la cuneta contraria.
Una procesión de sombrillas, toallas, tumbonas, cubos y rastrillos circula a pie por la calzada en busca del acceso más próximo a la playa. Y eso ralentiza sobremanera la circulación de quienes han llegado un poco más tarde.
En A Fragata, una pista pavimentada se interna hasta la misma caseta de los socorristas. Por si las moscas, gran parte de los veraneantes prueban suerte en ese trayecto. De nuevo, amontonamiento de fords, toyotas, ópeles y demás fauna de cuatro ruedas a ambos lados y hasta el borde mismo del entrante rocoso de la sede de los socorristas.
En Esmelle, más de lo mismo, solo que por el momento nadie ha osado retirar la cadena que impide el acceso a la zona dunar, cuyo aparcamiento indiscriminado causó la retirada temporal de la bandera azul concedida a esa playa. Eso sí, algunos aprovechan los arcenes excavados en las obras de ampliación de la carretera para, previa retirada de las barreras de seguridad, colar sus coches como si nada.
Y qué decir de la parte de O Vilar. La peor parte se la lleva ahí el transporte público. Daniel, conductor de Rialsa que cubre el servicio entre Covas y Ferrol, se las ve para maniobrar en el cruce, a unos cien metros de la parada, y entrar marcha atrás a recoger a sus pasajeros. El motivo no es otro que la zona en la que debería dar la vuelta está atestada de vehículos que, ni cortos ni perezosos, incumplen la señalización existente. «No respetan nada y aparcan donde quieren», critica el chófer.
Leonor y Meli, dos ferrolanas que llevan media vida acudiendo a la playa de O Vilar, sentencian que prefieren el coche, «aunque los buses mejoraron mucho», apunta una, y así se evitan la búsqueda de aparcamiento. Ayer el problema estaba también en la arena porque, corean, «hay que pedir permiso al de al lado para irse a bañar».