El culto al capitalismo y la competitividad más feroz son los ejes sobre los que gira Glengarry Glen Ross , la obra de teatro que en el año 1984 le valió un premio Pulitzer al genial autor y guionista norteamericano David Mamet. La pieza multiplicó su popularidad años después, cuando, a principios de los 90, James Foley la llevó a la gran pantalla con un reparto de escándalo, en el que figuraban actores como Jack Lemmon o Al Pacino.
Casi veinte años después, el director teatral Daniel Veronese ha echado mano del mismo cebo jugoso -un elenco de lujo repleto de rostros conocidos- para adaptar la obra a los escenarios españoles. Gonzalo de Castro, Carlos Hipólito, Ginés García, Alberto Jiménez, Andrés Herrera, Jorge Bosch y Alberto Iglesias se meten en la piel de los personajes de esta mezcla de drama y comedia en la que abundan los navajazos por la espalda y las jugadas traperas.
La obra ahonda en las miserias de un grupo de empleados de una firma inmobiliaria que se ven empujados a competir entre sí cuando a la empresa, en plena crisis, se le ocurre una terrible medida para incentivarlos. El mejor vendedor será recompensado con un estupendo coche; el segundo, con un juego de cuchillos; y el que menos venda será despedido. Ante tal propuesta, los trabajadores se valdrán de los recursos más despreciables con el objetivo de triunfar.
A pesar de que algunos críticos especializados han apuntado que la obra no «comunica» tanto como la película, todos están de acuerdo en algo: el genial trabajo de los actores, y en especial, de Carlos Hipólito, que en la versión de Veronese interpreta al patético Shelley Lavene, el mismo que bordó en la gran pantalla Jack Lemmon.