Aquel que espere toparse en el concierto que van a dar en agosto Los Suaves en la ciudad grandes piruetas pirotécnicas o un escenario barroco y cargado no lo va a encontrar. Y hace ya años que la voz de su líder no está para pedir a gritos unas cañas en un garito hasta los topes.
De la puesta en escena de los de Ourense solo se debe esperar un rock que serpentea, dentro de un sello siempre propio, por distintas cuencas. Y el que vaya para disfrutar de eso tiene la fiesta asegurada.
Ferrol -y mucha gente llegada de otros lares, seguro- va a tener al fin de nuevo la oportunidad de respirar el aroma de una noche de esas que te deja la sonrisa en la cara. De ello se ocuparán los del gato. Miau, miau. Que para eso llevan tres décadas sobre las tablas. Bajo, batería, dos guitarras y la brumosa garganta de Yosi se bastan y se sobran para arrear mucho más de dos horas. Y si el público se viene arriba, nunca se sabe qué puede acabar pasando. No faltarán los cansinos comentarios sobre el poeta de As Burgas. Hace tiempo que se dice que ya no sirve. Que está acabao. Que si tropieza con el micro... Suele contestar con sus canciones. Con los contundentes temas del Maldita sea mi suerte, los meditabundos sonidos que apuñalan en el Víspera de todos los Santos o el San Francisco Express y la locura colectiva que provocan, por ejemplo, el Siempre igual, Peligrosa María y, claro, la Lola. Y al que suscribe le consta que una hora antes de subirse a tocar, y a pesar de tener ya la melena nevada, al Yosi le entran los mismos nervios y ganas que cuando empezaba. Muy buena señal.
La ciudad va a tener la suerte de contar en sus fiestas con la banda de rock más emblemática del país. Como casi siempre, infravalorados por sus paisanos y aclamados en Madrid, Barcelona, País Vasco... Cabezas de cartel en incontables festivales. Y la ciudad, que siempre les ha respondido, volverá a hacerlo. Porque Ferrol es suave. Igual que suave es la noche.