Por más que se intente hacer la lectura positiva del proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el 2011, la realidad de los números confirma que Ferrol y el territorio que gira alrededor de la urbe vuelven a ser castigados. Y no tanto por la reducción del volumen total de inversión -que también- como por la falta de recursos y compromiso con una infraestructura imprescindible como es el tren de mercancías al puerto exterior de Caneliñas.
Galicia es de las comunidades que salen mejor paradas de la reducción drástica de inversión pública. Frente a una caída media de alrededor del 30% con respecto al año anterior, en Galicia se recorta solo un 23%. Pero en el caso de las comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal el porcentaje es todavía diez puntos superior a la media española. Los optimistas y los interesados dirán que podía haber sido aún peor, como en Cantabria, donde el recorte se aproxima al 55%. Sí, pero podría haber sido mejor, como en Baleares, donde la caída de gasto ronda el 16%.
No es necesario hacer un esfuerzo explicativo para que se comprenda por qué Ferrol merece y necesita un trato más favorable en las cuentas del Estado. A la profunda crisis actual se suman las crisis específicas y sobrevenidas que en las últimas décadas se han ido encadenando en esta esquina del Noroeste. Y además, de propina, se nos vienen encima los previsiblemente demoledores efectos del decreto del carbón, que irá derribando una a una las piezas del dominó que se montó entre la central de As Pontes y el puerto del Ferrol.
Desde entornos próximos al Gobierno se sostiene que no importa que solo haya 100.000 euros (menos de lo que cuesta uno de los camiones del carbón) para estudios y proyectos del tren a Caneliñas, porque, insisten, es una inversión estratégica, una prioridad de Fomento y habrá financiación. Si no quieren que parezca un sarcasmo, qué problema hay en fijar ya cantidades que se acerquen mínimamente a las necesidades. Porque la fe del contribuyente es débil, ya ni siquiera cree en la letra impresa de los Presupuestos, a la vista de que, con demasiada frecuencia, la ejecución final queda lejos de lo que se comprometió. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, pero a día de hoy parece que tienen más posibilidades de acertar quienes apuestan a que el tren va para largo.
Sin tren, el puerto exterior de Ferrol queda estrangulado y difícilmente se captarán nuevos tráficos, como el de los grandes contenedores a los que se aspira con la apertura de la ampliación del Canal de Panamá (2014). Tuvimos que esperar más de dos lustros para que llegase hasta aquí la autopista, y solo se logró gracias al accidente del Enterprise. ¿Qué hubiese sido de nosotros si las vías de alta capacidad estuviesen operativas a tiempo? Quizás estaríamos hablando en pasado del declive de la comarca. Ferrolterra no puede esperar más.