asear por la ribera ferrolana es un regalo que se ofrece sin más condicionantes que el deseo de hacerlo y la capacidad de disfrutarlo. Mi ruta preferida es la de A Malata a As Pías, que estos días completé con algo parecido a un paseo por las nubes, porque las noticias, minuto a minuto, me acercaban a Japón y a Libia.
Hay opiniones que alertan sobre la gravedad de la situación japonesa centradas en el problema nuclear, mientras casi se olvida el drama de las víctimas del tsunami. Opiniones, en ocasiones, expresadas de modo contundente pero sereno, otras con la furia del fanático que no mide ni el alcance de lo que dice ni el rigor de su información. El pueblo japonés merece nuestra solidaridad pero es inevitable pensar que solo parece sensibilizarnos lo que tiene una repercusión mediática de gran alcance mientras pasamos de puntillas por lo más cercano.
Aquí, tan cerca y tan lejos de los altavoces mediáticos, nuestra ría agoniza y con ella todos morimos un poco, sin que preocupe a quienes durante décadas permiten que se envenenen sus aguas y una parte de sus recursos y sin que alcen su voz, altisonante para denunciar aquello que les convierte en foco de atención, algunos que solo son ecologistas o pacifistas de diseño. Y qué decir de Libia. Quienes hace días vendían armas a Gadafi hoy bombardean el espacio en el que se usan. Son chalanes de profesión que venden su alma y su voz a conveniencia. ¿Dónde se esconden ahora los del «no a la guerra»?.