A nadie se le oculta que el colegio Tirso de Molina -Ferrolán do Ano también, junto al actor Javier Gutiérrez- tiene un lugar de honor en la historia de Ferrol. El colegio, fundado por la comunidad de frailes mercedarios que llegó a la ciudad en 1908, acaba de cumplir un siglo de vida.
Cien años dedicados ininterrumpidamente al mundo de la educación, en unas aulas, por cierto, muy literarias. Tan literarias, que por ellas pasó, primero como alumno y después como profesor, todo un Premio Cervantes, Gonzalo Torrente Ballester; y en las que la propia literatura sitúa a uno de los primeros editores de Cortázar y de García Márquez.
«Esta distinción les pertenece a todos cuantos pasaron por el Tirso a lo largo de estos cien años», decía ayer José Lamelas Pérez, el superior de los Padres Mercedarios. «Estamos muy agradecidos», añade el religioso, mientras insiste en que este es un galardón que el Concello le concede «al colegio», y que por tanto sus destinatarios son todos aquellos que, de una una u otra forma, tienen hoy, o han tenido en el pasado, alguna relación con el Tirso.
«Nosotros -añade Lamelas-, lo único que hemos tratado de hacer, desde que nuestra orden llegó a Ferrol, es educar. Y educar de acuerdo con los valores cristianos. No limitarnos a enseñar, sino formar de verdad. Así llevamos cien años».