El mercado de los jueves fue el contrapunto de la jornada
30 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El reloj marca las diez y la gente de Ortigueira empieza a preguntarse si hay «plaza». Es así como llaman al mercado que todos los jueves se celebra en la alameda del pueblo, y para ellos se trata de algo más que la posibilidad de comprar ropa y calzado a buenos precios. Es el día de la semana en el que la villa cobra vida, cuando los habitantes de las distintas parroquias del municipio se acercan al núcleo urbano y aprovechan para ir al médico o al banco y, sobre todo, para conversar con los vecinos, a la mayoría de los cuales es probable que no vuelvan a ver hasta el próximo jueves.
Una semana sin «plaza» es, pues, una semana incompleta, por lo que los orteganos se resisten a creer que la huelga pueda dejarles sin ella. Y aciertan. Aunque entre los distintos puestos hay huecos que no deberían ser tales, el mercado ya está funcionando.
Los vendedores subrayan la ausencia de algunos de sus compañeros: «aquí también estamos de servicios mínimos», bromea uno de ellos. Pero lo cierto es que los posibles compradores continúan llegando. El pueblo se mantiene fiel a su cita semanal y demuestra que en esto no hay huelga que valga.
Puestos rodeados
A medida que se acerca el mediodía, es posible ver algunos puestos completamente rodeados de clientes que revisan una y otra vez las prendas de ropa hasta dar con el artículo deseado. En cada rincón se forman corrillos donde los vecinos intercambian las novedades acumuladas a lo largo de la semana. Aunque la ausencia del olor de los churros o del colorido de las flores provoca una sensación de extrañeza que uno no logra sacudirse del todo, la función social del mercado queda sobradamente cumplida.
Bancos y comercios, abiertos
La prueba de que el cometido principal de la «plaza» ortegana se cumple a pesar de coincidir con una huelga general se encuentra en la calle principal que atraviesa el pueblo. Prácticamente todos los comercios se hallan abiertos y los bares acogen de buena gana a los que prefieren charlar con una taza de café entre las manos. Y por si alguien necesita sacar dinero, también es posible hacer gestiones en los bancos.
La villa ortegana se convirtió así en el contrapunto de lo sucedido en Ferrol o As Pontes. Cercana en el espacio, pero muy alejada por lo que respecta al ambiente que se vivió, su mercado semanal fue la «contrahuelga» de la jornada.
el otro 29-M
El pueblo se mantiene fiel a su cita de la semana, en esto no hay huelga que valga