Lo acabamos de comprobar con el «tax lease». Los experimentos con las gestiones de última hora no se nos dan bien. En la comarca tenemos dos problemas que precisan de una intervención rápida pero los hechos demuestran que seguimos tomándonos las cosas con más calma de la que debiéramos.
Megasa, afectada por una tarifa eléctrica para grandes consumidores que ha aprovechado su competencia para expulsarla del mercado, comunicó a su plantilla que a finales de agosto, si el Ministerio de Industria no acaba con esa desigualdad, cerrará sus puertas. Paradójicamente, la siderúrgica está situada a pocos kilómetros de una de las mayores centrales térmicas del país, con capacidad para satisfacer el 6% del consumo energético español.
La planta eléctrica también tiene su viabilidad en riesgo. Antes de finales de año tiene que decidir si acomete inversiones millonarias para reducir emisiones o echa el cierre en el entorno del 2020. As Pontes en pleno está promoviendo una campaña para pedir una moratoria de esa decisión, pero el tiempo pasa y, al igual que sucede con el problema de Megasa, las respuestas reales de las administraciones no llegan. Mucho me temo que en ambos casos se aproximarán las fechas con la espada de Damocles encima y contemplaremos un cruce de acusaciones entre los partidos. Y el tú más.
Estamos a tiempo de al menos batallar por una solución. La comarca no se puede permitir más derrotas.