Las cosas son claras. Guste o no. Pero es evidente que el ferrocarril al puerto exterior no figura en la agenda de prioridades para el Ministerio de Fomento. Se pueden decir muchas frases, darle vueltas a la peonza o lanzar balones largos a ver si cuela. Pero los escasos 500.000 euros consignados en los Presupuestos Generales del Estado para esta infraestructura en el 2014 dan para lo que dan. Y, desde luego, no dan para una obra de este calado.
Que no quede en el tintero, eso sí, que hace diez años que estamos con lo mismo. Mande quien mande en Madrid. O no se aportan fondos o se ponen partidas ficticias que luego quedan sin ejecutar.
Las arcas del Estado manejan lo que manejan en estos tiempos de vacas flacas. Y hay territorios que importan más en la capital que otros -buena inyección económica se ha llevado recientemente el puerto de Barcelona para su ferrocarril-. Y Ferrolterra está donde está. Y sus votos pesan lo que pesan...
¿Es justo? No. Porque infraestructuras como el tren al puerto, amén de otras necesidades, -hoy no toca aquí hablar de la sangría naval- son los revulsivos que se necesitan para poder tomar oxígeno y diseñar futuro. De otro modo resulta imposible.
Mientras, el monstruo del paro continúa creciendo. Día tras día. Y los desempleados y desempleadas, con rostros, nombres y apellidos, siguen en proceso de desesperación. Y el-la que tiene trabajo cruza los dedos para no perderlo. ¿Hay solución? Seguro que sí. Pero que alguien la plantee. De una vez.