Adolfo Suárez no muere el domingo, 23 de marzo, a las 15.03. Solo cruzó, en paz y con la dignidad que caracterizó toda su vida, el umbral tras el cual encontró la luz que jamás lo abandonará? Vivió la última etapa de su vida en el vacío que envuelve a quienes pierden la memoria. Pero era capaz de intuir el amor que le ofrecieron sus seres más queridos hasta el último minuto de su vida.
Las imágenes que muestran el féretro, instalado en el Congreso de los Diputados, del presidente de la reconciliación y de la superación de las dos Españas, son todo un símbolo. El Congreso, representación de la voluntad popular, es fruto del cambio que pilotó Suárez. Desde él, los golpistas quisieron demoler los pilares de la democracia y en él, la figura erguida del que aún era presidente del Gobierno, mostró al mundo entero su voluntad inquebrantable de no doblegarse ante la fuerza, recurso histórico para resolver nuestros problemas.
Esa imagen queda para la Historia, así con mayúsculas. Pero estas líneas quieren ser solo un sencillo homenaje a ese hombre que hizo de la lealtad, del patriotismo -tan injustamente denostado- de la generosidad, pilares esenciales de su proyecto político. Por eso buscó como definición de la Constitución un sustantivo de etimología rotunda: de la concordia.
Desde este Ferrol que reconoce la huella de sus zapatos y los sonidos de su voz, porque jamás nos negó su presencia, mis palabras son las de aquellos para los que siempre será su Presidente.