Era finales de los años 80, González-Laxe asumía la presidencia de la Xunta y uno de sus primeros actos había sido buscar una fórmula para otorgar una ayuda extraordinaria a Ferrol. La cosa se concretó en los famosos 1.500 millones de pesetas. Una inversión extraordinaria que sirvió para mucho al concello local que salía de la dictadura literalmente sin que su presupuesto fuese suficiente para poco más que pagar la nómina. Se trasladó el estadio de O Inferniño a A Malata y el barrio ganó una enorme plaza con centro comercial y local social multiusos. Fueron parte de los beneficios de aquellos 1.500 millones y significó una importante transformación de la ciudad, como lo fue el convenio con la Armada para la creación del campus universitario de Esteiro, otro hito. La historia se hace así a saltos: la conexión de la autopista con la ciudad, antes fuera la construcción del puente de As Pías, la primera traída de agua potable a la ciudad, o la llegada del tren. Por eso, ahora que nos hallamos en un bache tan fondo como el de alguno de nuestras calles se echan en falta iniciativas como aquella, polémica en su momento -qué poco es, casi voy a ir con la carretilla a traer el dinero, había dicho el alcalde Couce Doce que asumió el cargo con los proyectos ya barruntados-, pero que han servido para escribir la historia de Ferrol. Pocos recuerdan -yo tampoco lo vi- que la cuesta de Mella fue un proyecto realizado por parados y se acometió, precisamente, para dar trabajo. Como puede ser ahora un barco, serían los 1.500 de hoy.