El recibo de la luz

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

El último informe PISA ha vuelto a situarnos a la cola de los países evaluados en lo referente a la capacidad de nuestros estudiantes de Secundaria para resolver problemas cotidianos. Puede cuestionarse el grado de validez de estas pruebas, pero lo que es evidente es que, informe tras informe, se constatan problemas en nuestro sistema educativo. Y, en este caso, las deficiencias afectan a competencias que son sencillas y que dependen, fundamentalmente, de que su adquisición sea un objetivo permanente en todas las etapas escolares. Porque, desarrollar la inteligencia es, en gran medida, adquirir la capacidad de resolver los variados problemas que la vida nos va presentando. Como aportación a la causa -ironía incluida- propongo un ejercicio práctico de la máxima utilidad: conseguir que todos los alumnos/as de ESO entiendan el recibo de la luz. Si superan esta prueba no tengo la mínima duda de que, en la próxima evaluación PISA, mejorarán sensiblemente los resultados de nuestros estudiantes cuando se mida su capacidad para resolver los sencillos problemas del día a día.

Dado el laberinto indescifrable en que han convertido este recibo -que amenazan con complicar para «beneficiarnos»- hay que exigir que el gasto del cursillo, sin duda importante, lo paguen las eléctricas. Porque, los profesores tienen derecho a recibir la formación que necesiten para poder descifrar una información que nos provoca crisis de ansiedad cada vez que recibimos la factura eléctrica.