Conciliar

Antía Urgorri Serantes
Antía Urgorri EL ACUARIO

FERROL

Se acaba el colegio y los niños abandonan las aulas hasta el próximo curso. Dos meses por delante. Lloros por dejar a los compañeros de pupitre y a los profes, pero alegría de empezar las vacaciones. Es justo en ese momento cuando los padres tienen que hacer uso más que nunca de ese verbo tan manido mediáticamente que es conciliar. Los abuelos, los padrinos y otros familiares se convierten en los aliados perfectos para que las familias puedan durante esos meses seguir trabajando y al mismo tiempo tener a sus hijos bien atendidos.

Conscientes de las dificultades por las que pasan los padres durante los meses no lectivos, cada vez son más los concellos, asociaciones y entidades privadas que organizan en julio y agosto campamentos y actividades con las que se puedan entretener los niños en el tiempo en el que las familias trabajan.

Si el tiempo acompaña, las posibilidades de entretenimiento para los más pequeños son infinitas. Los campamentos urbanos sirven para enseñar zonas de la ciudad que los críos no sabían ni que existían. Los monitores, por su parte, se convierten en unos hermanos mayores de los niños, y después de dos meses de trato diario, el cariño que se crea entre ambos es inevitable.

Los padres confiesan que aunque hay niños que el primer día van a regañadientes, luego se lo pasan tan bien que quieren repetir. Para los padres estos campamentos y actividades estivales son indispensables para poder conciliar en verano.