La lágrima

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

29 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

La sacudida del despertador le expulsó de un sueño inquieto a las siete de la mañana. Hace ya meses que echa de menos dormir de un tirón, pero no pasa. Ducha, café rápido y un cigarro con la mirada perdida en las grúas del astillero que, entre los jirones de bruma, se dibujan ante su ventana. Antes esas mismas grúas formaban parte de su vida, de su panorama laboral cotidiano. Ahora no. Así son las cosas. O eso le dijeron cuando lo echaron de la auxiliar.

Pero se motiva. Hoy le ha tocado la lotería y tiene una entrevista de trabajo. Un puesto de reponedor en un súper de la ciudad le daría la vida. ¿Por el dinero? Claro. Pero no es solo eso. Recuerda con nostalgia cuando, cada jornada, tenía una hoja de ruta clara que pasaba por ir al trabajo. Quién le iba a decir que lo echaría de menos. En fin. Esta vez tiene que ser la buena. Por fuerza.

Son las siete de la tarde y se acerca en coche a casa de sus padres. Conduce cabizbajo, pensando en que la lotería ha pasado de largo. Y con ella el puesto en el súper. Otra derrota. No ha perdido la guerra, eso no, pero sí muchas batallas ya. No le da vergüenza cuando su madre, que sonríe, le carga el maletero de patatas, tomates, carne... Eso siempre fue así. Pero sí la reprime, la vergüenza, cuando le mete a hurtadillas un billete de veinte en su abrigo de cuarentañero.

Es la una de la madrugada y no duerme. Rumia y rumia. Pone la radio para entretenerse. Hablan de corrupción, de promesas políticas, del pequeño Nicolás, de la Pantoja... La apaga. Se acuesta. Y una lágrima le arrasa la mejilla. Como el fuego.