La memoria

José Varela FAÍSCAS

FERROL

11 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Tal vez cada uno de nosotros no sea más que un amasijo semoviente de treinta y cinco billones de células dotado de memoria y deseo. O de deseo y memoria, esta tan casquivana y voluble. De ser así, es probable que no divague en exceso el escritor albanés Ismaíl Kadaré que, en uno de los cuentos de su La provocación presenta un personaje que busca incansable la anulación de uno de los días de su vida, una jornada aciaga que prefiere borrar, lograr su no existencia. Quizá Kadaré más que fabulador sea profeta, y sugiera rasgos de un futuro de felicidad utópica, desalojado de remordimientos, de basuras bajo la alfombra. En ese futuro hipotético, Rajoy, un suponer, borraría del recuerdo colectivo que el paro -sí, sí, el paro, pese a la propaganda- aumentó desde que él gobierna, que la deuda pública alcanzó la estratosfera, que los beneficiarios de la ayuda a la dependencia son menos, como los subsidios al desempleo y su cuantía, que hasta el producto interior bruto descendió en un giro inaudito en los anales de la economía. Bastaría con tachar esos datos del acervo para encarar un provenir diáfano y glorioso. Qué no haría el PP de Ferrol, ahora que debe rendir cuentas de su gestión. A lo mejor suprimir del recuerdo su relación con el Sánchez Aguilera, sus torpezas con las Casas Baratas, con las plazas de abastos, con la Feria de Muestras, con ese esplendoroso monumento al parterre que es la Plaza de España (para ociosos: la guía Cómo leer jardines, de Lorraine Harrison) y con su sótano muerto de risa, con las obras interminables o prolongadas hasta que convenga. En fin, sería de mucho provecho un taller de reparaciones de la memoria.