Solo faltan tres meses para que se celebren las elecciones municipales. Poco tiempo me parece para que antes de esa fecha tan estratégica Ferrol vuelva a su estado original, o por lo menos a un estado sin obras. No será sencillo para los gobernantes municipales colocar en su sitio en este tiempo récord todo lo que está levantado, que es mucho. Va a ser más complicado que completar el cubo de rubik.
En este puzle que ha de recomponer el gobierno local antes del 24-M, son muchas las calles que tienen que recuperar su dirección original -algunas que ya ni recuerdo-, zonas de paseo que tienen que volver a ser transitables, maquinaria y valles que tienen que desaparecer... Un trabajo importante que tienen por delante los gobernantes municipales si quieren pasear durante la campaña electoral por una ciudad nueva y resplandeciente.
Las obras son molestas, sí. Si son todas a la vez, más. Si afectan a la zona centro de la ciudad, el incordio es mayor y las consecuencias son peores. Si se levantan una y otra vez las mismas zonas, los vecinos se cansan y parece que no se gestionan bien los fondos públicos.
Imagino que los plazos están más que medidos y que esta vez, por la cuenta que les trae, las obras acabarán en tiempo y forma. No quedaría bien que los gobernantes municipales pidiesen el voto a pie de calle mientras sortean vallas y saltan piscinas en medio del Cantón de Molins. Impaciente estoy por ver como queda ese nuevo Ferrol.