Era un pequeño pastor que vivía en las montañas. Pasaba todo el día cuidando de los rebaños. Pero un día, le pareció buena idea, divertirse y comenzó a gritar ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ahí viene el lobo! Al escuchar los gritos, las gentes del pueblo salieron corriendo para ayudarle. Pero al llegar descubrieron que todo había sido una broma pesada del pastorcillo. Decidió repetir la broma. Volvió a gritar con más fuerza. ¡Cuidado, es el lobo! ¡Viene el lobo! Las gentes del pueblo dieron media vuelta para socorrerlo, creyendo que esta vez, sería cierto. Cuando llegaron a la cima nuevamente, se encontraron al pequeño revolcándose de la risa. A la mañana siguiente, el pastor vio acercándose lentamente a un lobo. Comenzó a gritar con todas sus fuerzas: ¡Socorro! ¡Viene el lobo! Pero esta vez, los aldeanos habían aprendido la lección, y no se molestaron en escuchar sus súplicas. El pastorcillo debió presenciar cómo el lobo se comía unas cuantas ovejas, sin que pudiera hacer nada al respecto.
Los partidos políticos tradicionales han hecho caso omiso a los gritos de auxilio y socorro de los ciudadanos en los últimos años, pasaron por alto los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y también de las europeas, pensando que el lobo nunca vendría de verdad, y siguieron actuando de la misma manera, sin hacer autocrítica. Sin embargo, el pasado domingo llegó el lobo, y esta vez de verdad, y los cogió por sorpresa. El lobo se ha comido muchas de sus ovejas.