Lo básico

José A. Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

Qué obsesión hay en este país por los exámenes! Los de mi generación hemos pasado por unos cuantos a lo largo de la vida académica. E incluso antes, pues empezamos pasando las pruebas de la catequesis, necesarias entonces para que nos dieran la Primera Comunión... Luego vendrían los innumerables exámenes del bachillerato, con dos reválidas de propina (en 4° y en 6°) y las llamadas Pruebas de Madurez, después de aprobar el PREU. La Universidad, con sus parciales y finales durante cinco años... Tantos exámenes para que al final de la carrera no tengas asegurado un puesto de trabajo y te veas obligado a preparar montañas de temas para unas oposiciones que te lo puedan asegurar, en competición con miles de aspirantes a lo mismo. Como si no hubiera otras maneras de evaluar la formación de un joven que acribillándolo a exámenes?

Pues bien, en este curso escolar ya tenemos la LOMCE (la nueva Ley de Educación aprobada por el Gobierno del PP) en todos los cursos de Primaria, e iniciando su implantación en Secundaria y Bachillerato. Una ley que viene a imponer más exámenes: evaluaciones valorativas en 3° y 6° de Primaria, y dos reválidas decisorias al final de Secundaria y del Bachillerato. En este caso, además de la obsesión examinadora, los pedagogos que han diseñado la LOMCE cometen un error de bulto, que tendrá consecuencias negativas: las pruebas van a ser iguales para todos los alumnos españoles, sea cual sea la Comunidad Autónoma en la que estudien, pero los horarios que dediquen a preparar algunas materias van a ser diferentes. Por ejemplo, el de Lengua castellana varía entre dos y tres horas semanales, dependiendo de si unas Comunidades tienen lenguas cooficiales o no. Y para que las preguntas puedan ser las mismas en Galicia y en Andalucía, por ejemplo, los contenidos tienen que ser los mismos, por supuesto. Pero también debe ser igual el tiempo dedicado semanalmente a esas materias. Y lo mismo pasa con las Matemáticas, las dos asignaturas con más peso específico.

Volvemos a caer en las prisas a la hora de legislar en Educación. Un país que en cuarenta años de democracia ha aprobado ¡siete leyes! educativas tiene un problema serio, además de reincidir en una falta de respeto a los alumnos de varias generaciones. Somos incapaces de ponernos de acuerdo en cuatro cosas fundamentales, que están al margen de ideologías y de partidismos políticos. Cualquier profesor de a pie, con experiencia y sentido común, sabe que en los primeros años de la escuela, en Primaria, lo que hay que trabajar de verdad con los alumnos es la lectura, (que entiendan bien lo que leen, que sepan resumir lo leído); la expresión escrita (que lo que escriban sea coherente y preciso, con correcta ortografía, buena puntuación, propiedad léxica); la expresión oral (que sepan construir una exposición o una argumentación, que puedan resumir lo que han leído o visto o escuchado, que se acostumbren a hablar de forma correcta y precisa). Además, las cuentas básicas y problemas matemáticos sencillos. El resto del horario, a despertar su sensibilidad para las artes, para la música, para la ciencia, para el deporte, para la convivencia y para su formación como personas y ciudadanos. Lo demás, tendrá su momento y vendrá por añadidura.