Niños de hoy

José A. Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

Con motivo del Día Internacional de los Derechos de la Infancia leo un informe educativo que avisa del aumento considerable del número de niños hiperactivos, de ambos sexos, que se detecta en las aulas. No pueden estar quietos ni sentados ni, por lo tanto, atentos a algo que les exija quietud e inmovilidad. Los profesores de Primaria no pueden explicar más allá de cinco o seis minutos seguidos, sin que un grupo, cada vez más numeroso de alumnos, desconecte de lo que está diciendo. Están dispersos, sin capacidad de atención para algo que no acapare su directo interés. El informe daba la voz de alarma entre padres y profesores, y trataba de denunciar las causas que podían motivar esta anomalía de conducta. El primer culpable, según el pedagogo redactor del informe, es la televisión. Sostiene que el niño pasa horas delante del aparato viendo cualquier programa que le interesa y que, a lo mejor, no es el que más le convendría. En todo caso, gran parte de la capacidad de atención que tiene el chaval la agota viendo lo que sale por la pantalla y lo vuelve inconstante para todo lo que no escoja o elija él. Y si aún quedase algo de esa capacidad, se acabaría consumiendo con todos los juegos y pasatiempos que ofrecen el ordenador, la tableta, el teléfono móvil... Algo habría que hacer para corregir este consumo inútil de la capacidad de atención infantil. Son los padres los que deben organizar el uso de toda esta tecnología en sus variados dispositivos, y racionarlos en casa adecuadamente. Pero debe ser el Estado quien controle con rigor la calidad de los programas televisivos en horas de audiencia infantil. Para algo es el dueño de las ondas y el que concede los derechos a usarlas a las distintas empresas que se comprometen a utilizarlas como «un bien público, en provecho de la educación y formación de los telespectadores». Claro, tendría que empezar por aplicarlo a sus propios canales, los públicos...

Pero a todos estos estorbos técnicos que dificultan, según el informe, la capacidad de atención del niño en la escuela, yo añadiría una circunstancia nueva que antes no se daba. Y ese «antes» no se remonta a mi época, sino tan sólo a 20 o 30 años atrás. Me refiero a que los niños de hoy dedican menos tiempo a jugar, y lo que es peor: la mayoría no lo hace con otros en el parque o en la calle, sino en casa, solo, con la máquina de turno. No importa que estos juegos potencien «sus habilidades motoras y la rapidez mental», como dice su publicidad. Importa más que el juego solitario no ayuda a la maduración de la personalidad del niño. Le evita el contacto con otros, con la realidad, el aprender a perder, el saber ganar, el compartir alegrías y tristezas, el enfrentarse a situaciones difíciles -una disputa, un conflicto- que exigen templar su carácter y ayudan a forjar su personalidad.

Pero en la misma medida en que creo que se debe fomentar la sociabilidad de los niños haciendo que se relacionen y compartan momentos de ocio, también creo que hay que procurar que, en su horario libre, tengan cada día un tiempo para sentarse en casa, solo, con un libro, un chiste, un periódico, algo para leer. Mientras lee, se acostumbra a estar sentado, quieto, concentrado, dominando esa hiperactividad tan enemiga del rendimiento escolar de la que nos habla el informe. Y a lo mejor hasta logramos ganar un lector?