Deberes escolares

José A. Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

Miles de niños en España tendrán estos fines de semana de noviembre completamente libres: por decisión de sus padres no prepararán los deberes escolares que sus profesores pudieran encomendarles para casa. Es una postura (la de los padres) que hay que respetar, pero no estaría de más hacer algunas observaciones sobre esta medida. El tema exige una reflexión seria entre la comunidad educativa, padres incluidos. Por mi parte, la experiencia de cuarenta años de docencia no me deja compartir la medida que ha tomado la CEAPA. Que, por otra parte, no es nueva: algo así ya se llevó a cabo hace un año en Francia, y no quedó claro si la abolición de los deberes para casa ha beneficiado en algo a los alumnos.

No compartir esta drástica decisión no significa que no crea que hay que evitar los excesos, que seguramente se dan en bastantes casos, y que no se deben sobrecargar con trabajo para casa a los alumnos de Primaria. Necesitan su tiempo libre para jugar, para actividades deportivas, culturales y de ocio. Hay que adaptar los deberes a sus necesidades, y eso es obligación del equipo docente que les da clase. Pero mantengo la idea de que un niño también necesita un tiempo para él en casa, sentado a su mesa de trabajo (que debe tener), para reflexionar sobre los temas que le han explicado en clase, para leer lo que sobre eso mismo dice el libro de texto, para ordenar lo que le han transmitido en cada una de las materias. Y esto mismo deben pensar en Finlandia, el país que tiene la mejor enseñanza del mundo según los informes PISA, que año tras año, la sitúan en primer lugar: los niños de 7 a 12 años llevan una tarea diaria para casa que tardarán entre 15 y 30 minutos en prepararla. Y, por supuesto, siempre vuelven con sus deberes hechos y a ningún padre se le ocurre poner en entredicho esa medida. Y hay otros países, como Alemania o el Reino Unido, en que no está mal visto que los niños de esa misma edad tengan que dedicar entre una hora y hora y media a completar el trabajo académico en casa. Es cierto que los horarios son distintos y más adecuados para la convivencia familiar, pero tienen muy claro que no puede ser que lo único que académicamente haga un niño lo haga solamente en la escuela. Lo que en ella se trabaje necesita ser complementado personalmente por el alumno en casa, en silencio y concentrado. Esto es lo realmente importante porque es el momento en que el niño medio, no el superdotado, puede sedimentar y asimilar aquello que le explicó el profesor en clase. Además, es una tarea necesaria por otros motivos no menos importantes: ese tiempo de refuerzo en casa ayuda a que el niño vaya adquiriendo un hábito de trabajo y de orden, que le resultará imprescindible cuando llegue a la enseñanza secundaria, y no digamos en las siguientes etapas. Simplemente leer un cuento durante media hora, sentado y en silencio, ayuda en este sentido. Entiendo que se pueda cuestionar la cantidad, pero no la importancia del trabajo en casa por lo que he dicho y por mucho más que se podría decir. También esta es la opinión mayoritaria de los profesores, y por algo será. No quiero pensar que detrás de esta oposición paterna a los deberes escolares esté esa perniciosa tendencia actual de tratar a los niños como una especie en peligro de extinción, a los que no se puede estresar ni contrariar demasiado. Flaco favor les haríamos.