Mayores

José Antonio Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

Cada año por estas fechas compruebo en la práctica una teoría sociológica. La que formuló hace ya unos años el autor alemán del libro El complot de Matusalén, que tuvo un gran éxito en su momento. En él se hablaba del envejecimiento de las sociedades occidentales, debido a la lógica aplastante de que la tasa de natalidad es cada vez más baja y las expectativas de vida son cada vez más altas. Y se vaticinaba que la llamada “tercera edad” abriría un frente en el comportamiento sociológico y político de la sociedad que no tendría nada que ver con el que vinieron adoptando las generaciones anteriores. El punto de observación lo ponía el autor en la llamada baby boom, que es como llaman en EE.UU. a la generación de los nacidos entre finales de los 40 y mediados de los 60, que es la mía, y cuyos integrantes empezaron a jubilarse a partir de 2010. Se trata de una generación muy numerosa, con muy pocas bajas en su trayecto vital porque no conoció grandes guerras y tuvo una calidad de vida muy aceptable. Además, es una generación que tuvo una gran incidencia en la vida común de los pueblos, hasta el punto de que se podría decir que fue capaz de cambiar el mundo: transformó la industria, alteró los roles y prácticas sexuales, modificó la naturaleza de las relaciones humanas y sus instituciones, e hizo la revolución de las tecnologías informáticas. Y por si esto no fuera suficiente para considerarla distinta y trascendente, esta generación fue, ideológicamente, muy activa, con compromisos sociales colectivos y solidarios, como fue el mayo del 68.

Estamos comprobando que lo que escribió hace más de diez años F. Schirrmacher, el autor del libro en cuestión, se está cumpliendo al pie de la letra. Esta gente ha llegado a la jubilación en plenitud de condiciones físicas e intelectuales, y sobre todo, dispuesta a exigir sus derechos y libertades. Ahí están los miles de jubilados españoles que no dudan en salir a la calle en defensa de sus pensiones. Su capacidad reivindicativa sigue intacta, lo mismo que su disposición a exigir a los políticos que atiendan al bienestar social de los ciudadanos en vez de a sus disputas partidistas. Y exigen, porque su condición natural se lo pide y porque, además, saben que su voto va a ser un bien muy codiciado por los políticos si quieren gobernar. Y que, para conseguirlo, van a tener que hacer concesiones que favorezcan los intereses de los jubilados, por lo que la gerontología, además de una ciencia, puede acabar siendo un poder en la sombra.

Como decía al principio, cada mes de abril, cuando se celebra el Encuentro anual de Coros de las Universidades Sénior’, uno comprueba que lo que podría ser especulación teórica es pura realidad en práctica. Nueve corales de otras tantas Universidades (algunos le llaman de la Experiencia) se acaban de reunir en tierras castellanas (Valladolid, Burgos y Palencia) para cantar, individual y conjuntamente, y para salir y expansionarse, para relacionarse y compartir días de ocio con gente de otros lugares de España: más de trescientas personas con un sentido positivo de la vida, con el convencimiento de que hay que disfrutarla y de que cada etapa de la misma tiene su afán. Por eso espero que no tenga razón el autor del libro citado cuando, al final, afirma: «si ya no había quien los aguantara cuando eran adolescentes, y de jóvenes eran insoportables, esperen a ver cómo serán de viejos».