Serio y grave

José Antonio Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL

24 mar 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Como saben muy bien los lectores que siguen esta columna de Viéndolas pasar, en ella se suele hablar de temas sin mayor trascendencia, tomando al vuelo un instante, un recuerdo personal, y tratando de extraer de él lo que tiene de impulso vital o de gracia que no se advierte a primera vista. Apuntes breves, ligeros, escritos en voz baja y sin prisas, poniendo en ello todo el sentido común del que uno es capaz, aunque no siempre se acierte con él. Normalmente, la anécdota o la historia que se aborda se hace siempre en un tono amable, sin aspavientos ni rigideces. Eso no quita que la realidad nos lleve a temas de la actualidad, agrios y desagradables en su propia naturaleza, que no se pueden esquivar. Como el caso que hoy no soy capaz de orillar, porque creo que la gravedad del asunto no debiera dejar indiferente a nadie.

Se trata del tema de la ludopatía entre los jóvenes españoles. Un equipo de psicólogos afirma que sólo en Galicia hay 10.000 menores de edad adictos ya a los juegos de azar y apuestas deportivas. Son chicos de Educación Secundaria, que apuestan en lugares físicos destinados a esto o por Internet, un acceso muy fácil para todos ellos, cada uno con su móvil de última generación. Muchos institutos están pidiendo ayuda a las Instituciones para que este problema empiece a ser tratado en las aulas por psicólogos y psiquiatras especialistas en el tema. El año pasado se han jugado en España más de 34.000 millones de euros.

El mercado on line supone ya el 30 % de esta cantidad, y un porcentaje muy alto de este tipo de apuestas corresponde a jóvenes menores de edad. Los colegios e institutos se quejan de que a su alrededor se están abriendo salas de apuestas que, solo con su presencia, están tentando a la población juvenil a entrar a probar suerte. Uno no entiende cómo las ordenanzas municipales, autonómicas y estatales no han detectado aún el problema, prohibiendo de manera tajante la proliferación de estos negocios. Porque hoy también sabemos que los hurtos de hijos a padres, directamente o de una forma más sofisticada como es Internet, están aumentando en Galicia de forma alarmante. Chicos aparentemente normales que no dudan en sustraer dinero en casa porque lo necesitan para esas necesidades ficticias que les crea el consumismo insensato que todos hemos ayudado a crear, acentuado por esa adicción destructiva del ludópata que les han ido fomentando las casas de apuestas, presentes en todas partes, también a todas horas en la televisión. Es el momento de ser tajantes: a lo peor no se pueden prohibir estos negocios, pero sí tanta publicidad, tanta presencia en las calles y tanta ostentación. Cuando se empezó a hablar en España de la ley que prohibiría fumar en bares, restaurantes, y edificios públicos, muy pocos se creyeron que podía llevarse a cabo. Pues ahí está, funcionando perfectamente la ley antitabaco.

Creo que el problema es suficientemente grave como para que las distintas Administraciones del país se pongan de acuerdo y aborden con seriedad este asunto. La intranquilidad que genera la desconfianza en el hijo que roba en casa para poder apostar es un suplicio para toda la familia. Y los padres no podrán hacer nada si no cuentan con el apoyo decidido de quienes nos gobiernan, pues la publicidad y las redes sociales ponen cada día ante los ojos de sus hijos una oferta enorme de productos apetecibles y el engaño de poder conseguir más dinero fácil apostando a esto o aquello.