Soy de los que creen que las feministas más radicales se pasan, a veces, en sus críticas y exigencias, especialmente en la forma de plantearlas. Pero también sé que otras tantas veces tienen razón en sus quejas y reivindicaciones. Lo cierto es que no pueden bajar la guardia, porque son muchos los frentes abiertos. No solo deben vigilar las actitudes machistas de muchos hombres y su comportamiento con las mujeres en el mundo laboral, social y doméstico, sino que dentro del mismo género femenino tienen también trabajo por hacer. Pienso esto mientras hojeo una revista pensada para mujeres, con un equipo de redacción totalmente femenino, con anuncios y algunos artículos realmente insultantes para todas las mujeres que luchan por la igualdad de sus derechos y oportunidades en la misma medida y proporción que los hombres (que eso es lo que para mí es el verdadero concepto de feminismo). La lectura que empecé como entretenimiento, fue derivando hacia el estupor dada la envergadura de lo que se estaba proponiendo desde sus páginas. Pues resulta que, según la línea dominante de esta publicación, destinada, como dije, a mujeres desde el mismo título, estamos donde estábamos hace siglos. Sorprende la cantidad de páginas que se dedican a dar consejos para que ellas luzcan su físico en fiestas sociales que se organizan en vacaciones. Proponen cremas que producen «un efecto felino. Una mirada llena de sensualidad, misterio y magnetismo que se acompaña de una boca nude. Un it look perfecto para conquistar o ser la reina en todas las citas festivas». Tal cual. Con muchos términos en inglés para darle un aire cosmopolita al anuncio, que siempre ayuda para este tipo de publicidad. Y a uno se le da por pensar que no quisiera coincidir con este tipo de mujeres en una fiesta, sea veraniega o carnavalesca, porque van a estar más atentas a su «efecto felino» y a procurar llamar la atención de los demás, que a hablar de temas interesantes, positivos, normales, de la vida real y de los pobres mortales que nos reunimos allí, a quienes ellas nos hacen el gran favor de su presencia. ¿Cómo se puede inducir a esto? El peligro no está en las mujeres hechas y derechas, que saben muy bien lo que hay que hacer y cómo comportarse. Pero sí que acecha a las jóvenes que se ven torpedeadas, desde la publicidad agresiva de algunos medios de comunicación hasta artículos que entrañan mensajes de este tipo. A las chicas de hace años se les contaban cuentos de hadas, de príncipes azules y princesas encantadas. Y una gran mayoría quería casarse, con una boda inolvidable, donde ella sería la reina, en el «día más feliz de su vida». Pues ahora, tantos años después de la lucha de tantas mujeres, son aún muchos (¡y muchas!) los que tratan de influir en aquel sector femenino que no está lo suficientemente concienciado. No hay ninguna necesidad de hacer de la vida social de ellas una competición de mujeres sofisticadas, presumidas, que tienen que «estar divinas». ¿Para quién? Lo que hay es que inculcar desde esos medios, y muy especialmente desde las revistas destinadas de forma preferente a las mujeres, que no tienen por qué epatar a nadie con su físico, ni con su «mirada misteriosa», y que la única obligación que tenemos todos, ellas y nosotros, en una fiesta, tomando un café con los amigos, en el trabajo o en casa, es la de ser educados, agradables y positivos. Si a mayores podemos ser amenos y entretenidos, también se agradece.