Dieudonné Abayizera, sacerdote africano que ejerce su labor pastoral en Ferrol: «La soledad puede ser terrible»

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro FERROL / LA VOZ

FERROL

Ramón Loureiro

Nacido en Ruanda y religioso mercedario, es el delegado diocesano de Ecumenismo

09 nov 2025 . Actualizado a las 10:33 h.

Dieudonné Abayizera vino al mundo, hace 36 años, cuando su país, Ruanda, estaba viviendo uno de los peores genocidios de toda la historia del continente africano. Hijo de padres católicos —en su tierra, como él mismo subraya, y en contra de lo que por lo general se cree, los católicos son más del 40 por ciento de la población—, sintió la llamada de la fe prácticamente desde su infancia. Y se hizo religioso mercedario. De hecho, sigue formando parte de la comunidad mercedaria («E intento estar muy presente en todas cuantas actividades llevamos a cabo los mercedarios en Ferrol», señala). Pero, al mismo tiempo, se ha integrado en el clero diocesano, formando parte de la Unidad Pastoral de la Zona Centro de Ferrol, que se ocupa de las parroquias de San Julián, el Carmen, el Socorro, San Rosendo, las Angustias y Canido. Y, de hecho, el obispo, Fernando García Cadiñanos, lo ha nombrado delegado diocesano de Ecumenismo.

—¿Cómo se compatibiliza la labor de sacerdote diocesano con la pertenencia a la comunidad mercedaria?

—Bien, realmente bien. Y todo resulta extraordinariamente enriquecedor. Yo estaba en Madrid cuando me comentaron que el obispo de Mondoñedo-Ferrol quería incorporar a la actividad diocesana, durante unos años, a sacerdotes de diferentes procedencias, entre ellas de nuestra tierra, y acepté enseguida. Resido con la comunidad mercedaria de Ferrol, que como sabes es muy activa en muy diferentes ámbitos, y que tiene el colegio Tirso de Molina, y durante el día me centro, fundamentalmente, en la atención a las parroquias de la unidad pastoral.

—¿Qué es Ferrol para usted?

—Una ciudad preciosa y muy acogedora. Una ciudad que además tiene, en su entorno, paisajes bellísimos. La gente aquí es muy buena toda. Hacen que te sientas como en casa. Yo estoy muy agradecido tanto a la gente de Ferrol como a mis compañeros de la unidad pastoral y a toda la comunidad mercedaria por la forma tan generosa en la que he sido acogido aquí.

—De la realidad social con la que se ha encontrado en Ferrol, ¿qué es lo que más le preocupa?

—Lo que más me preocupa es la cantidad de gente mayor que hay y que, en muchos casos, se enfrenta a una soledad no deseada. Eso es algo que siempre tengo muy presente, porque la soledad puede llegar a ser terrible. Uno de mis principales objetivos es que toda esa gente se sienta acompañada, y que sepa que hay alguien con quien puede contar incondicionalmente. La media de edad de esta comarca es realmente muy alta. Y un sacerdote tiene que estar siempre del lado de quien lo necesita.

—Hay pocos jóvenes...

—Sí, pocos. Pero el de la juventud es otro de los colectivos de los que procuro estar muy pendiente siempre. Intento lograr que los jóvenes se acerquen a la vida de la Iglesia.

Ruanda es hoy, afortunadamente, un país en paz.

—Sí que lo es. Pero quedan todavía muchas heridas abiertas. La verdadera paz es algo que no se logra de un día para otro.