Lo cotidiano

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

Imagen del tren Iryo siniestrado en Adamuz, en la que se puede comprobar la ausencia de dos piezas en su parte inferior.
Imagen del tren Iryo siniestrado en Adamuz, en la que se puede comprobar la ausencia de dos piezas en su parte inferior. Guardia Civil | Efe

26 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo cotidiano no tiene historia ni lugar en la gloria. Pero si lo borrásemos de la memoria moriría el corazón del universo que se crea alrededor de la vida del día a día, que ofrece alicientes para mantener las ganas de vivir, a pesar de lo difícil que resulta soportar los trágicos sucedidos que merecen un decreto de excepcionalidad, que los califique como: de intolerable frecuencia y ocasión para un compromiso de solidaridad; transparencia y planificación de las actuaciones que procedan. Además de exigir la responsabilidad que corresponda. Pero hoy, al contrario, solo se busca ganar el relato y para no perderlo lo disfrazan de dato.

Lo cotidiano, con mayor frecuencia, se ve alterado por sucesos gravísimos, que despiertan la solidaridad y una emoción compasiva de los ciudadanos, pero poco duradera y sin secuelas, que muevan el espíritu del ‘nunca máis’ que parece exclusivo de una izquierda sectaria que se realimenta en la aparente —espero que aparente— indiferencia del centro y la derecha moderada.

Mi reflexión nace de una imagen bellísima: la calle de la Iglesia, contemplada desde la Cuesta de Mella en un atardecer en calma después de la tormenta y de la última tragedia. La luz convierte el suelo en espejo. La ausencia de circulación y peatones permite una visión cuasi museística e idílica de este paisaje, lejos del lugar de quienes en dolorosa espera piden que les devuelvan a los suyos... para abrazarlos o darles el definitivo descanso. E imagino la vida tras esas bellísimas fachadas ferrolanas: dolor compartido, alguna oración y un ¡Basta ya! a la insoportable verborrea del ministro de Fomento. ¿O acaso el horror es ya asumido como cotidiano?