De los amigos verdaderos

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL

Puesta de sol en la Garita de Herbeira, donde los acantilados más altos de la Europa continental miran la Atlántico.
Puesta de sol en la Garita de Herbeira, donde los acantilados más altos de la Europa continental miran la Atlántico. Ramón Loureiro

23 feb 2026 . Actualizado a las 22:12 h.

Asusta en poco tomar conciencia de que hay amigos muy queridos a los que no hemos visto desde hace años. Perdemos tanto tiempo en mil y una tonterías, todas ellas sin importancia, que ya hemos convertido en costumbre olvidarnos de lo que realmente es esencial en la vida. Y solo así se explica que mientras derramamos nuestra existencia en una pantalla no seamos capaces ni de telefonear, siquiera, a quienes de verdad han tenido —y por lo tanto tienen— un papel central en nuestra existencia: a quienes, en medio de las peores tormentas, siempre han estado a nuestro lado.

Borges decía, como ustedes saben, que la amistad no precisa de frecuencia en el trato; que él podía —era un ejemplo— no encontrarse durante largo tiempo con Bioy Casares, sin que eso impidiese que cualquier día, al reencontrarse de nuevo, reanudasen una conversación, sobre literatura o sobre lo que fuese, como si el diálogo no se hubiese interrumpido más que durante un breve instante. Pero a mí me parece, en cambio, que también la amistad necesita —o, si es que no necesita, al menos merece— ser cultivada con esmero. Lo cual, naturalmente, incluye recordarles a los amigos verdaderos, al menos de vez en cuando, que para nosotros son extraordinariamente importantes.

Uno siempre se dice a sí mismo: «Ojalá yo supiera hacer un verdadero libro; un libro que estuviese a la altura de quienes tanto han significado para mí a lo largo de una vida entera; un libro para dar las gracias». Y eso estaría bien, claro, Pero quizás sea mucho más fácil tomar café, ¿no creen?. Un café, o varios.