Las obras son positivas. Pero ¡hay que mantenerlas! La falta de mantenimiento o el uso inapropiado causan peligro y un feísmo que se adueña de lo que fue objeto de deseo y pública celebración al anunciarlo, iniciarlo o concluirlo. Luego, cada obra tiene su historia. Me alegro de que la de la calle Ruvalcaba progrese adecuadamente. Porque, las calles, las carreteras, los caminos, el campo, la playa son escenario público de una parte importante de nuestras vidas. Y su estado puede afectar a la salud, alterar el ánimo e incluso costar la vida a quienes sufren incidentes y accidentes ocasionados por el lamentable estado de vías y edificios públicos (que es preocupación prioritaria del ciudadano, según informó este periódico como resultado de una encuesta). Ferrol está viviendo un ambicioso y esperanzador proceso de inversiones públicas, compatible con el respeto por el patrimonio histórico, que impulsará la economía; abrirá nuevos horizontes de desarrollo cultural, turístico y proyección como referente de oportunidades. Pero, como en toda España, falta civismo, cultura y planes de mantenimiento y cuidado de los detalles que, por su aparente modesta importancia, se abandonan y se convierten en elementos que contaminan la esencia y la belleza del paisaje urbano y rural. Y, lo peor, un plácido paseo o un tranquilo recorrido en coche pueden convertirse en peligrosa ocasión de caídas, neumáticos destrozados e incluso atropellos por falta de luz y pintura cuando el peatón es un oscuro bulto invisible para el conductor, por prudente que sea. Y a quien, si pasa lo peor, siendo inocente, se le rompe el corazón y es una víctima más por la culpa que no tiene pero siente.