Gente de edades, procedencias e intereses diversos convive durante los más de 110 kilómetros de Ferrol a Santiago
26 ago 2026 . Actualizado a las 17:13 h.En 2024 se rebasaron las 28.000 compostelas en el Camiño Inglés, aunque se estima que el 25 % de quienes recorren esta ruta jacobea no sellan este documento. Varios peregrinos de diferentes ciudades de España y de países como Ucrania, Italia o Portugal relatan su experiencia y sus motivaciones para completar un itinerario que no ha parado de ganar seguidores desde 2021.
José y Antonio, Sevilla: «Disfrutamos muchísimo de las vistas»
Antonio descubrió el Camiño Inglés con sus padres y este verano ha «arrastrado» a José, amigo desde la infancia en Sevilla, la ciudad de ambos. «Llevaba tiempo queriendo hacerlo, pero económicamente no podía, y ahora ha sido el momento. Estamos conociendo a mucha gente», comenta José. El 19 de julio recalaron en Ferrol y vieron la final del Mundial en la pantalla de la plaza de España, «con ambientazo», y se fueron de fiesta. El lunes caminaron hasta el albergue de Neda, donde trabaron amistad con «gente de Valencia», con la que acabaron jugando a las cartas; y al día siguiente se pusieron en marcha a las siete de la mañana, rumbo a Pontedeume. La experiencia de la segunda etapa resultó «dura», no por el calor —«por la noche nos pusimos las sudaderas, extrañábamos la sensación de frío»—, aunque apretó el sol, sino «por las cuestas, hay mucho desnivel». Pero disfrutaron «muchísimo de las vistas». Madrugaron y a las 10.15 horas, antes de que hubiera abierto la oficina de turismo (donde se gestiona el albergue municipal) ya estaban cruzando la ponte de Pedra. Su plan era acercarse a la plaza Real —«nos han dicho que hay muchos bares»— y conocer los monumentos.
Julia y Matbiy, Ucrania: «Conoces la cultura local y la gastronomía»
Julia, ucraniana, ama el Camino de Santiago «por esa mezcla de ruta a pie, bosque, naturaleza, clima e historia... las iglesias medievales». Ha recorrido el Francés y el Portugués, y en julio compartió ruta por el Inglés: «Es un tiempo de poder estar con mi hijo [Matbiy]». Los dos están «en forma y preparados para andar», y planeaban completar el itinerario en solo cuatro días. «Es mi primera vez, pero estoy listo», apuntaba Matbiy tras degustar un exquisito pulpo en uno de los establecimientos del casco histórico eumés. Su madre se documentó a conciencia antes de emprender esta aventura y recaló en Pontedeume decidida a buscar sus plazas y sus edificios más emblemáticos. «Me encanta leer sobre la historia de cada zona antes de llegar, saber de los orígenes, conocer la cultura y la tradición del lugar, y también de la comida y el vino local, porque el Camino también es una experiencia gastronómica», remarca. Prefieren alojarse «en los mejores establecimientos de cada sitio». En Ferrol se hospedaron en el Parador de Turismo y en Pontedeume, en el hotel A Falúa. Una tarde del mes de julio, madre e hijo paseaban juntos «por las preciosas calles» de Pontedeume.
Bruno y Ana, Portugal: Es una pausa mental, piensas en lo esencial
Bruno, portugués de Aveiro, suma 14 rutas jacobeas y compartió su segundo Camiño Inglés con Ana, debutante. «En 2019 hice el Camino Portugués Central con una compañera de trabajo; el segundo fue el Inglés, lo hice solo y conocí a personas muy especiales, y a partir de ahí no he parado», cuenta Bruno, gestor comercial (de tiendas) de Aveiro, en perfecto castellano. ¿Qué le mueve? «Cuando estás caminando estás parando mentalmente, piensas en lo que es importante, lo esencial. Hay quien te pregunta por qué no te vas de vacaciones a la playa. Esto es mi playa», responde. Su compañera de viaje, abogada de Espinho, comparte su reflexión: «Al conocer a Bruno quería tener la experiencia. Hoy salimos de Ferrol, está siendo una pausa, un momento de parar». «He hecho amigos para siempre, desde Argentina hasta Rusia, conoces a personas a las que les gusta lo mismo que a ti. Hoy hemos coincidido con Fernando, valenciano, y nos decía que su mujer no lo entiende... hay cosas que no puedes explicar», agrega Bruno, que se confiesa «más gallego que portugués» y amante del norte de la Península. Eso sí, prefiere los meses de octubre y abril al verano: «Hay mucha gente».
Priscilla y sus hijos, Tristán y Adele: «La vivencia con los niños es muy intensa»
Priscilla es italiana y vive en Victoria, y en julio se lanzó a recorrer el Camiño Inglés con sus hijos, Tristán, de 10 años, y Adele, de 8. En Semana Santa se echaron a andar en Logroño, durante cinco días, «para ver cómo funcionaba, a ver si aguantaban». Prueba superada, estaban listos para afrontar la ruta de Ferrol a Santiago, en pleno mes de julio. Su madre decidió alargar las etapas y en vez de cinco, dividirlo en siete. Ella ya había llegado varias veces a Compostela, primero en 2013, tras recorrer el Camiño Francés, y en agosto de 2025, después de completar el Primitivo. También ha recorrido el Aragonés y el Vasco del Interior (ambos enlazan con el Francés). «A mí me gustar andar sola, pero con ellos es una vivencia muy distinta y una forma de compartir diferente a cuando estás en casa, es una experiencia muy intensa, las 24 horas, se habla mucho...», explica. Partidaria de pernoctar en los albergues públicos, la primera noche la pasaron en el de Neda y la segunda pretendían dormir en el de Pontedeume. «Es mi primera opción, es una experiencia compartir albergues», repite. Donde hay fogones, aprovecha para cocinar.
Ramón, Andrés, Helena y Salvo, de Jódar (Jaén), Córdoba y Cádiz: «Combinamos el deporte y la amistad»
Helena, cordobesa, va por su tercer Camino, siempre dentro de territorio gallego, como sus compañeros; para Salvi, gaditano, es el segundo, igual que le ocurre a Andrés, de Jódar (Jaén), el mismo pueblo de Ramón, que se estrena. El grupo lo completan otros dos caminantes de Huelva. «Nuestra motivación es más social, combinas deporte y amigos, y también conoces la parte cultural», coinciden. Salvi ya había pisado el Camiño Francés, desde Sarria. A Helena le fascinaron el bosque y las aldeas del Camiño Primitivo —«es el que más me ha gustado hasta ahora porque ves la vida rural»— y también recorrió la Vía de la Plata, desde Xinzo de Limia. El primer tramo del Inglés lo acabó «cansada, no por la temperatura, que se aguantaba bien por la brisilla, más que nada por el sol», en plena ola de calor, la tercera semana de julio. En Pontedeume se quedaron en el hostal O Cruceiro, que reservaron con mes y medio de antelación. Estiman que entre el vuelo de Sevilla a Santiago, el alojamiento y la comida, la aventura jacobea les saldrá entre 600 y 800 euros por cabeza. «Es una semana de vacaciones», corean.
Iratxe, Ibaia, Patricia y Laura, Bilbao: «Desconectas del móvil y conoces gente»
Patricia convenció a tres amigos que no se conocían entre sí para ponerse las zapatillas y recorrer los más de 110 kilómetros del Camiño Inglés. Compartió ruta con Laura, Ibai e Iratxe, todos bilbaínos, como ella. «Me preparé yendo a andar un día», ríe Patricia. Las tres conocían algo de Galicia —el suegro de Laura es de Arzúa—, pero Ibai no había pisado nunca territorio galaico. Los cuatro valoran esta experiencia y concuerdan en su significado: «Caminar, deporte, naturaleza, conocer gente y desconectar del móvil». Ibai asegura que durante la primera jornada, de Ferrol a Pontedeume, no consultó el teléfono: «Si hubiera pasado algo en Bilbao, no nos hubiéramos enterado». Pararon a desayunar en Neda, se detuvieron otra vez más para descansar del sol y reponer fuerzas, y se sentaron a comer a las tres de la tarde en un local del casco viejo eumés, protegidos del sol por los soportales. Mientras esperaban a que les sirvieran el menú, Patricia aprovechó para estirar, satisfecha por haber sumado nada menos que «31.000 pasos», según indicaba su reloj inteligente. Y los que quedan hasta alcanzar la meta.
José Ramón, Cáceres: «Me encanta el paisaje»
José Ramón, cacereño, le gusta caminar y descubrir «otros territorios diferentes a Extremadura». «Y quitarme el calor que tenemos allí», recalca. En el arranque del Camiño Inglés encontró el mejor paisaje. «Me encanta, se me ha hecho muy ameno», confesaba justo después de atravesar la ponte de Pedra, cuando se dirigía hacia el albergue municipal de Pontedeume. Eso que anduvo 32,5 kilómetros, unos cuantos más de lo habitual: «Me desvíe varias veces, al pasar cerca de pueblos por los que no va el Camino, para ver las ermitas y el arte sacro». Además de la aventura a pie y de la búsqueda del fresquito, a José Ramón le mueve el sentimiento religioso.
Pau y Fernando, Barcelona: «Importa la experiencia»
Pau, barcelonés de 21 años, se inició con el Camino Primitivo y este año animó a su amigo Fernando, de 20, para recorrer el Inglés en cuatro días. «Nos importa la experiencia y nos gusta Galicia, todo verde y menos calor», destacan estos estudiantes.
Kasia y Tosia, Polonia: «No queremos ir con prisa, hace mucho calor»
Kasia es polaca, pero lleva dos décadas viviendo en Escocia, y se animó a hacer el Camiño Inglés para pasar tiempo con su sobrina, Tosia, que reside en Polonia, igual que el resto de la familia. Kasia ya conocía la aventura del peregrinaje, primero con el Camino Primitivo, de Oviedo a Compostela, y después con el de San Salvador, que enlaza la catedral de León con la de Oviedo. Cuenta que en 2025 viajó a su país natal y vio «las flechas amarillas», y entonces pensó en la posibilidad de emprender una nueva ruta a Santiago, esta vez de la mano de Tosia. «Quería pasar tiempo con mi sobrina», explica. A Tosia la mueve más la religiosidad. «Vamos despacio, hace mucho calor y no queremos ir con prisa. Reservé todo [hoteles y pensiones para alojarse en cada pueblo] con antelación, para unos siete días», comentaba Kasia recién llegadas a Pontedeume, tras darse un baño en la playa de Cabanas. Confesaba su deseo de visitar el monasterio de Caaveiro y lamentaba la ausencia de un servicio de transporte público a las Fragas do Eume.
Samuele y Luca, Italia: «Nos gusta mucho caminar, por diversión»
Samuele (cumplió 18 años el 8 de agosto) y Luca, de 19, son dos de los 37 integrantes de Al di là del mio naso c'è, un colectivo de promoción social de Fara Gera d'Adda, un municipio italiano de la provincia de Bérgamo, en la región de Lombardía, que se sumergieron en el Camiño Inglés este verano. De Ferrol a Santiago, y de ahí a Fisterra, donde preveían culminar el 6 de agosto. Este grupo de jóvenes, desde los 12 años, van acompañados de varios monitores. Samuele ya había debutado como caminante con solo 12 años, a través de la Vía Francígena, la ruta de peregrinación medieval que une Canterbury con Roma, a lo largo del tramo italiano, 900 kilómetros (desde el Paso del Gran San Bernardo, en los Alpes, a la plaza de San Pedro, en el Vaticano). «Nos gusta mucho caminar... por diversión», apuntaban ambos en el albergue eumés (varios tuvieron que hospedarse fuera). Para costearse esta expedición trabajaron duro a lo largo del año en la asociación, organizando fiestas y con la venta de dulces que ellos mismos elaboraron.