No consigo verlo nada claro. Porque hay algunos indicios que nos permiten agarrarnos a cierto optimismo, pero la situación sigue siendo tan delicada que lo mismo nos dejamos llevar por las ansias y las ganas de dejar definitivamente atrás la crisis. Pues eso, que si analizamos las perspectivas de que la situación socioeconómica de Ferrolterra mejore en este 2016 que está dando sus primeros pasos lo mismo tenemos que seguir siendo prudentes, sin olvidarnos de que buena parte de que la rueda de la actividad y los negocios vuelva a moverse va a depender de que lleguen contratos a los astilleros de la ría. Y ahí está el quid de la cuestión. Porque las gradas de la antigua Bazán vuelven a estar vacías y en medio año se marchará hacia México el flotel de Pemex, dejando únicamente en construcción el Buque de Acción Marítima (BAM), una obra con escasa repercusión sobre el empleo.
Es por eso que el naval ferrolano mira a las Antípodas, desde donde podría materializarse en los próximos meses el encargo para la fabricación de los dos logísticos, con expectación, pero también intentando conjurar el miedo a que no se repita lo que sucedió en Noruega, cuando Daewoo, competidor en este concurso, le arrebató un encargo tras haberse convertido en suministrador de referencia para la Marina de aquel país.
Mientras, la comarca vuelve a resultar atractiva para nuevas inversiones. Como la que materializa Gamesa en As Somozas que creará cien empleos, o la de cadenas comerciales en Odeón. Pero hace falta mucho más para salir del vagón de cola de la economía gallega en el que llevamos ya demasiado tiempo.