Sagrario voló en parapente por primera vez con 74 años y quiere repetir: «Era mi sueño, y en Cariño, mi pueblo»
CARIÑO

La mayor de las hermanas Piñón Quiza coincidió en aire con la pequeña, Mery
24 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Todavía no me lo puedo creer, me despierto por las noches y digo: ‘¿Será posible que haya estado ahí arriba? Era mi sueño y fue una experiencia para repetir», confiesa Sagrario Piñón Quiza (A Pedra, Cariño, 74 años). En realidad, nunca se había imaginado que podría volar en parapente y mucho menos sobre su pueblo. Fue su hermana pequeña, Mery, la que se hizo seguidora del Club Parapente Ferrol, y cuando la vio a punto de despegar en el monte Mazanteo, por encima de la playa de A Basteira, preguntó si ella también podría hacerlo, y unos minutos después ya estaba enganchada a la silla y lista para emprender el vuelo de su vida, en un tándem perfecto con uno de los pilotos biplaza del club.
Sagrario y Mery compartieron cielo durante un buen rato. «La primera que había pensado en volar fue Fina [otra de las hermanas], pero a mí nunca se me había pasado por la cabeza... y volé un poco de rebote», reconoce entre risas la mayor de las Piñón Quiza. Para Mery representaba un reto personal: «Tenía mucho miedo a las alturas, tomo una pastilla para ir en avión... quería tener la sensación de ser un pájaro, de sentirme libre ahí arriba. Para mí fue extraordinario... y ver a mi hermana disfrutando como una enana, eso fue lo más. Me queda pendiente el cabo Ortegal, que es mi sitio favorito de Cariño». Surcaron los cielos de su pueblo en julio. «No sabes la cantidad de gente que nos ha preguntado y nos pregunta por la experiencia», dice Mery. «Hasta la chica del banco el otro día», apunta Sagrario, incapaz de describir lo que sintió en el aire.
A sus hijos también les costó creer la hazaña de su madre, que se crio en A Pedra y tuvo que dejar la escuela a los once años para ayudar a sus padres, que eran labradores. «Después trabajé en la fábrica de pescado y cosiendo por las casas», cuenta. Hasta que, con 19 años, emigró a Londres, animada por una amiga que ya estaba en la capital británica. «Estuve bastante bien, muy contenta, pero hubo momentos muy malos... Pasé 31 años (dedicada al servicio doméstico, que me permitía atender a mis hijos), allí me casé (con un santanderino), tuve a los niños y viví hasta los 50. Después volví a Cariño, iba mucho a Lanzarote porque estaban mi hija y mis nietos, pasé una temporada en As Pontes y hace 16 años me fui definitivamente a la isla», repasa.
Mery, la pequeña de seis (uno de los varones ya falleció), con 21 años de diferencia de Sagrario, que es su madrina, fue a buscarla a principios de julio a Canarias para pasar el verano en Cariño, donde se queda hasta el 10 de septiembre. Tras el gesto alegre de Sagrario hay una vida dura, con la pérdida de su primera hija, con siete años, y la de su marido. «Enviudé con 47 años, y aquí estoy, siempre luchando». Y sin perder la sonrisa. Mientras ella y Mery volaban, Fina y Mary Carmen las observaban desde tierra, fascinadas por la aventura de sus hermanas.