La asociación de discapacitados Nosa Señora de Chamorro se ve obligada a vender su antigua sede ubicada en el histórico edificio de la familia Ferí, que data de 1931
09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Al pie de la principal arteria de comunicación entre Ferrol y Narón, la carretera de Castilla, se erige el majestuoso edificio que durante un cuarto de siglo albergó la sede de la asociación de discapacitados Nosa Señora de Chamorro. La rumorología popular atribuye aún hoy en día la titularidad del histórico chalé a un pudiente naronés que, en señal de gratitud con la agrupación que cuidaba a su hijo, habría cedido de forma altruista el inmueble. No fue así. Fueron los propios socios de la entidad los que, con su esfuerzo económico y la ayuda del banco, asumieron en los años sesenta los cuatro millones de pesetas en los que se fijó la venta.
Más de cuarenta años después, la asociación Nosa Señora de Chamorro no ha tenido más opción que desprenderse de su principal estandarte, poniendo en venta desde hace unos meses el chalé donde arrancó la entidad. Un gran letrero de Se vende cuelga del portalón negro, entre cuyos barrotes asoman las puertas tapiadas de la mansión.
El edificio, de estilo regionalista, fue construido en 1931 con un proyecto del arquitecto Rafael González Villar. Una familia de militares de Narón, conocidos como los Ferí, habitaron el inmueble de dos plantas, con sótano y bajo cubierta, durante cuatro décadas hasta que la señora de la casa, ya viuda, accedió a formalizar la venta del que había sido su hogar.
El actual presidente de la asociación, José Manuel Rodríguez, y la gerente, Rocío Coira, recuerdan que el chalé empezó a funcionar como colegio de educación especial, hasta que en los años setenta se puso en marcha el Carmen Polo, de Ferrol, y Nosa Señora de Chamorro se centró en la realización de servicios ocupacionales y asistenciales para personas con discapacidad intelectual.
El continuo incremento en el número de usuarios obligó a la entidad, primero, a construir unas naves en la parte trasera del jardín que rodea a la mansión; y años más tarde, en los noventa, a trasladar el centro ocupacional a unas instalaciones de O Val, donde permanece actualmente.
Espectaculares vidrieras
El aspecto del edificio en sus exteriores, dominado por la escalinata sobre la que se sitúan seis columnas de estilo dórico, preludia la belleza del interior, con grandes espacios iluminados por valiosas y espectaculares vidrieras.
A finales de los años noventa, se iniciaron unas obras en este edificio, promovidas por la propia asociación, que trató de aprovechar su mayor tesoro patrimonial convirtiéndolo en una residencia para personas con discapacidad.
Rocío Coira explica que las trabas a las que obligan las últimas normativas autonómicas, tanto a nivel urbanístico como de protección del patrimonio, obligaron a la agrupación a desistir en su empeño. «Si tuviésemos financiación para crear la residencia en O Val y poder mantener este chalé, lo haríamos sin pensarlo. Pero tenemos una necesidad imperiosa, y la única salida es venderlo y emplear ese dinero en crear otras dependencias», afirmó la gerente.
Trabajos recientes
Así, el chalé tiene un ascensor aún sin desembalar, las paredes recién pintadas, una caldera nueva, y hasta una pista polideportiva a medio construir. Las obras se encontraban bastante avanzadas, cuando la entidad, ante los escollos administrativos y técnicos del proyecto y la reducida capacidad de lo que sería la futura residencia -el chalé solo podría acoger unas 18 plazas-, paralizó los trabajos.
El edificio dispone de mil metros cuadrados de superficie y los jardines que rodean al inmueble, unos cuatro mil. La finca era, incluso, más grande, pero se vendió una parte de la parcela.
De lo que un día fue una gran casa familiar, se conserva el lavadero de piedra donde se llevaban a cabo las labores de lavandería o los espacios que albergaron en su momento las habitaciones de la servidumbre. El muro que rodea la finca también es de reciente construcción.
No ha sido fácil para los socios de la entidad, muchos de ellos vinculados a Nosa Señora de Chamorro desde sus inicios, desprenderse del valor sentimental que para ellos supone este edificio, pero es el valor económico el que necesitan con premura. «Muchos de nuestros usuarios tienen ya una cierta edad, tienen padres mayores, otros viven solos, la residencia es una necesidad de primer orden», manifestó el presidente de la agrupación.
Se bajan las persianas. Se apagan las luces. Se cierran las puertas de la entrada principal. Y el edificio de Nosa Señora de Chamorro yace de nuevo inerte en espera de su comprador.