El atraco al cura de Padrón, que dejó tras de sí una muerte, ya había ocurrido hace más de cien años. La noche del 23 de noviembre del año 1900 salieron de la taberna de María Bispo, en las Grañas del Sor, cinco feligreses: Mamed Casanova, alias Toribio, José Piñeiro, Manolo Rico, Secundino Pedre y Manuel Balseiro. Habían decidido robar los cuartos de la rectoral. Dando vuelta a la casa comenzaron a rascar con una palanqueta hasta hacer un agujero y se fueron colando dentro. El cura, que al oír ruidos cogió el arma que guardaba bajo la cama, abrió fuego al aire y acabó huyendo despavorido. A los gritos de alarma del ama de llaves desde el piso de arriba, acudieron Mamed y Balseiro. La puerta del cuarto se cerró bruscamente y se oyó el disparo de una escopeta. En la precipitación de la huida, los hombres dejaban tras de sí un cuerpo inerte y un charco de sangre. Habían cobrado un botín de 1.975 pesetas. A los tres días fue detenido Toribio, que ofreció fuerte resistencia. Desde entonces, durante tres años, estuvo preso en calabozos de Ortigueira, Ferrol, Betanzos y A Coruña, de todos los cuales había conseguido fugarse alguna vez. Toribio, que era escapista como Houdini, se desprendía de cadenas y grilletes y abría las cerraduras de las celdas. En un juicio celebrado en A Coruña fue condenado a muerte, pero en las fiestas del Apóstol de 1904 la madre del preso entregó al rey Alfonso XIII una petición de indulto que sería finalmente atendida. El bandido cumplió cadena perpetua.