La encrucijada de Jorge Suárez

FERROL CIUDAD

CESAR TOIMIL

Ferrol, campo abonado para una moción de censura que nadie se atreve a presentar

25 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Jorge Suárez acusa el desgaste, pero conseguido superar los dos años al frente del gobierno ferrolano. El problema es que le quedan otros dos. Y si el primer tiempo del mandato estuvo cargado de incontables vicisitudes, la segunda parte del partido se augura mucho peor. Porque, mal que bien, los primeros quince meses discurrieron con once concejales en el gobierno y un pacto que, aun sin llegar a la mayoría, le garantizaba cierta estabilidad, buscando el apoyo puntual del BNG o del PP, según el caso. Pero ahora a Suárez le quedan solo siete concejales. Y una situación de ingobernabilidad ante la que la oposición presentará batalla, pero que de momento no se atreve a canalizar en forma de moción de censura.

Ante el atolladero en el que se encuentra atascado, al alcalde le quedan, básicamente, cuatro opciones. Todas con sus pros y sus contras y ninguna de ellas satisfactoria para Suárez.

Continuidad

Que todo siga como está. Es el mal menor: aguantar el bienio que resta de mandato haciendo lo mismo que hasta ahora. Es decir, intentar sobrevivir hasta el rescate de las próximas municipales. El problema es que las dificultades habidas hasta ahora, y que en circunstancias menos adversas no se han conseguido resolver, se irán agrandando. Y el electorado no entendería, por ejemplo, que siga sin haber presupuestos al tercer o cuarto año, que siga coleando la crisis de la tasa de saneamiento o que no haya ninguna de las remunicipalizaciones prometidas. Eso a efectos electorales. Pero más grave será la repercusión sobre la gestión municipal. La inexistencia de presupuestos y la prórroga de los anteriores reduce año tras año la cantidad disponible. Y limita las inversiones. Y sin tasa sobrevuela la casa consistorial denuncias que pueden derivar en responsabilidades penales por la situación de Emafesa. Así que el desgaste continuará.

Dimisión

Cuestión de imagen. Aunque tras lo vivido en este período ganas, probablemente, no le falten, Jorge Suárez no puede permitirse dimitir. Y no solo por orgullo ni por aferrarse al sillón que tantos quebraderos de cabeza le está propiciando. Abandonar la alcaldía de Ferrol por verse incapaz de ejercerla arruinaría la triunfante imagen que intentan transmitir los alcaldes del cambio y, en especial, el triunvirato gallego que forma junto a Xulio Ferreiro y Martiño Noriega. Además, sería una decisión que se tomaría a otros niveles políticos tanto en Esquerda Unida como en En Marea.

Moción de censura

A solo un voto de los 13 necesarios. Todos la niegan... y todos hablan de ella. Justifican su inviabilidad aunque reconocen que sobran los motivos. Pero si hay alguna lección aprendida de la política ferrolana es que nada es imposible. La presión de la calle se incrementa sobre el PP pidiendo que ejerza su posición de fuerza mayoritaria y dé un paso al frente. El discurso oficial es que los números no dan. Y es cierto, al menos por ahora. Pero la moción de censura está a solo un voto, el que populares y Ciudadanos -que ya mostró su disposición a apoyarla llegado el caso- deberían añadir para llegar a las trece firmas precisas para presentarla. No contaría, por la ley electoral, un eventual apoyo de la concejala expulsada del gobierno, Esther Leira, que además, lo descarta tajantemente. Y del BNG tampoco se aguarda obtenerlo. Así que la moción de censura pasaría necesariamente por el PSOE, que, al igual que el PP, la niega, pero donde comienza a extenderse cada vez más el discurso de la insostenibilidad de la situación. A favor de la presentación juega la situación de enfrentamiento con Suárez tras la ruptura del pacto. En contra, las posturas irreconciliables de populares y socialistas a nivel local y también general -especialmente ante el nuevo escenario estatal- y que sería una decisión de altura que no se tomaría en Ferrol. El tiempo lo dirá.

Cuestión de confianza

Cese inducido. Podría suponer la salida del alcalde sin recurrir a la dimisión. Pero en realidad, solo si él quiere, porque es quien puede presentarla. La cuestión de confianza se puede vincular a la aprobación de cualquier asunto clave. Y su rechazo supondría su cese automático en todos los casos... excepto el de los presupuestos, precisamente el único al que el alcalde parece estar dispuesto. Quitando este caso, si el regidor no supera la cuestión de confianza saldría de su cargo y se abriría un nuevo proceso para la elección. Si ningún candidato recabase trece votos gobernaría el partido más votado.