Por una sonrisa

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL CIUDAD

Eclipse solar total en Doniños, en Ferrol
Eclipse solar total en Doniños, en Ferrol RAÚL LOMBA

Arrancar una sonrisa, de esas que incluye los ojos, puede alterar, para bien, un estado de ánimo. Yo lo viví y la mochila que todos soportamos, la mía en este caso, liberó mucho de una sobrecarga a punto de provocarme un bajón anímico que paralizase mi voluntad de seguir caminando... Sé que no es políticamente correcto confesar que la sobrecarga la provocó «la fiesta del eclipse». España se emocionó y se movilizó peregrinando hacia los lugares elegidos, Ferrol uno de ellos. Y compró la valoración del hecho como histórico, inolvidable y merecedor de figurar en la antología de las maravillas que en el mundo han sido.

En la espera, en compañía de amigos, en un lugar de privilegio, exclusivo y familiar, fui incapaz de emocionarme. Y me pareció uno de los muchos días en los que una nube negra oculta el sol. Y no pude compartir lo que, para casi toda España, señaladamente para sus dirigentes, fue el hecho más importante de... ¿la legislatura? No acudiré a la demagogia de recordar los días en negro y las dramáticas vivencias de miles de españoles necesitados de todo menos de fiebre festiva inducida por la propaganda. Y me duele que la marcha hacia la luna triunfante haya tenido tratamiento de cumbre universal del asombro y fenómeno digno de ocupar a fuerzas y cuerpos de seguridad y a gobernantes abducidos por la lunática magia que no conseguí que me alcanzase. Así me llegó el bajón. Pero al día siguiente encontré la sonrisa de Sabela, limpia de eclipses y mantras diversos. Ella habló emocionada pero serena de un hermoso sentimiento de empatía con mi bitácora... Gracias a ella y a los lectores que me regalan una sonrisa, porque ese es mi «premio nobel».