La leyenda eterna de la discoteca Ink: «Lentas, espuma y 2.000 jóvenes cada tarde de domingo en Narón»
NARÓN
Chicho Basoa recuerda el rayo láser de 11 millones de pesetas, «todo fue apoteósico» en aquellos años 90 y primeros 2000
04 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En aquellos maravillosos años 90 por la ría de Ferrol, las clases de Latín en el instituto sabían a gloria cuando se soñaba con los domingos en Ink. Todo giraba en torno a aquella mítica discoteca de Narón, tristemente desaparecida en 2025: «Desde las lentas a las fiestas de la espuma, con 2.000 jóvenes cada tarde de domingo... aquello era apoteósico». Así lo recuerda Chicho Basoa, impulsor junto a Luis Barro de los años dorados de aquel templo del baile y (por qué no decirlo) de los primeros amores. Este empresario de la hostelería, que ya empezó en el sector con la disco Chabeli en Xuvia en 1982 (y cuyo padre llevó el no menos mítico hotel Basoa), cogió las riendas de Ink con Luis en diciembre de 1991. Y desde la carretera de Castilla subieron al cielo de Narón: «Con las tardes de gloria hasta 2001».
El tiempo voló desde entonces pero aún hoy mucha gente le recuerda a Chicho que «yo allí conocí a mi primer novio» o «yo allí encontré a mi mujer». Para los desafortunados que no disfrutaron de los ritos iniciáticos de Ink, la tarde del domingo implicaba el tuneado previo en casa de los amigos, repostar en otros locales como Villas o Montpellier, cuño invisible en la puerta, entrada triunfal con Chimo Bayo, subida a tarimas, lentas con The Cranberries y despedida. La discoteca ya existía antes y Luis Barro le puso el nombre de Ink, «pero quizás el auténtico fenómeno fuese en 1993, dos años después de que Luis y yo nos hiciésemos socios». Así lo recuerda Chicho Basoa, que tira de memoria para apuntar que Los Limones presentaron allí el disco Música Clásica (1992) que incluía nada menos que el himno Ferrol y donde el propio Chicho hizo coros.
En esa nueva época a finales de 1991, «abrimos viernes y sábado de noche y fue apoteósico, el primer domingo por la tarde solo hubo 200 chavales, después 300, 1.000 y al final 2.000». ¿Fueron precursores del tardeo? Chicho desmitifica esa teoría: «No fuimos pioneros porque ya los locales Paco y Samantha trabajaban las tardes, mi padre abrió Chabeli en 1982 con horario a partir de las 18.00 horas (y en homenaje a una bebida de la época)... pero el tardeo de ahora es de gente más mayor, no de chavales como entonces».
En el tercer año de Ink, los dos socios montaron un rayo láser «que costó un riñón, 11 millones de pesetas de la época». Chicho solo tenía 23 años, «y llevaba otros negocios como Chabeli, Chic, después La Reserva... no veíamos Ink como un fenómeno, estaba todo muy bien organizado y las noches traíamos orquestas para gente mayor».
Besos, calor y burbujas
La leyenda de Ink se avivó con tardes de calor en invierno, los primeros besos y veranos de burbujas. «La primera fiesta de la espuma surgió porque yo era muy amigo del dueño del Pachá en A Coruña, tenía una máquina de espuma y me la dejó; primero la usé en Chic y para Ink hicimos nuestra propia máquina», recuerda Basoa. Copiaron el dispositivo para la discoteca de O Alto, y crearon dos máquinas que usaban «con cañones de espumógeno homologado, como el que usan los bomberos, fue todo un bombazo».
Chicho cuenta los entresijos de las lentas. «Era algo muy típico de la época y ya las poníamos en Chabeli: yo estaba allí cada tarde, Ink abría de 18.00 a 22.00 en invierno y de 19.00 a 23.00 en verano, fue una etapa muy buena porque me pilló muy joven, muchos camareros estudiaban carrera en Santiago», indica este naronés de 58 años. Un 40 % de los clientes eran de Narón, un 35 % de Ferrol y el resto llegaban de toda la comarca. La entrada costaba 350 pesetas con consumición. También hubo un accidente mortal cuando un cliente fue atropellado a la salida, en una época en la que esa zona no tenía aceras. La última etapa corrió a cargo de Juan Trastoy, hasta el cierre en 2025. Pero más de 30 años después de aquellos gloriosos 90, cada domingo los ahora honorables padres y madres de familia aún sienten el cosquilleo de cuando eran adolescentes y se preparaban para cruzar el Rubicón de Ink.