El próximo viernes, diez de abril, el Concello de Neda entregará a la Asociación Arraigo el I Premio Adolfo Suárez a la Concordia y la Solidaridad. Y quiero detener el viaje semanal de mi bitácora en el entrañable y hermoso solar nedense, para destacar cuánto significado tiene un gesto como este.
Hace un año, en el emotivo funeral por el expresidente, el alcalde, Ignacio Cabezón, anunció su voluntad de proponer a la Corporación la creación de este premio. Y cumplió su promesa. He analizado muchos de los homenajes que se han celebrado en España para recordar al presidente de la Transición. Pero me quedo con este por muchas razones. La más importante: nada puede definir mejor el espíritu de Suárez que su inquebrantable búsqueda de la concordia. Y, ahora, cuando los brotes de violencia de todo tipo van convirtiéndose en señas de identidad de una sociedad que parece potenciar el enfrentamiento como método habitual de relación -y no solo en la política- hay que crear mensajes de entendimiento y solidaridad.
El premio es a un proyecto sencillo, pero real, como corresponde a una asociación joven que intenta colaborar al arraigo de los que no tienen ni espacio para convivir. Gracias, Neda. Gracias, alcalde y Corporación. La silla vacía que, como pide su familia, evocará al querido presidente, nos invitará a honrar su memoria creando mensajes como el de arraigo y los nedenses, que nacen con el deseo de poner corazón en la vida colectiva, que eso es la concordia.