Jóvenes que sí apuestan por la construcción: «Al principio es duro, pero cada vez me gusta más»

ANA F. CUBA PONTEDEUME / LA VOZ

PONTEDEUME

Valeriano Veiga, junto a sus hijos, ayer en el casco histórico de Pontedeume, donde están trabajando estos días
Valeriano Veiga, junto a sus hijos, ayer en el casco histórico de Pontedeume, donde están trabajando estos días CESAR TOIMIL

El empresario de Pontedeume Valeriano Veiga trabaja en la obra con sus dos hijos, de 20 y 26 años

07 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Al principio me parecía duro, pero con los meses me fui acostumbrando y cada vez me va gustando más», asegura Alejandro Veiga, de 26 años, que trabaja con su padre en la obra desde que tenía 20, la edad de su hermano, Daniel, que se incorporó al tajo hace ya más de un año. «Les inculqué este trabajo porque veo futuro para ellos, siempre que quieran. No hay personal, no hay juventud que quiera trabajar, y la demanda es grandísima. Tengo muchas obras pendientes, tengo el año saturado y ya no me comprometo a más, iremos viendo lo que vaya surgiendo, sobre la marcha», explica Valeriano Veiga, un veterano constructor eumés, especializado en reformas y rehabilitaciones.

Tiene 56 años y lleva desde los 18 entre ladrillos y cemento. «Ahora es mucho más cómodo, hay más maquinaria, el cemento pesa la mitad (antes eran sacos de 50 kilos y desde hace años son de 25), las máquinas llegan a pie de obra...», señala. Aparte de sus hijos, los dos autónomos colaboradores (figura reservada para familiares del autónomo titular), cuenta con otro operario. Además del equipo de cuatro o cinco profesionales que tiene «de mano»: fontanero, electricista, pladurista... «Nos ayudamos unos a otros. Mi idea es que cada uno haga lo que mejor sepa hacer, aunque tú también sepas, porque se acaba antes», remarca.

Comparte la queja de todo el sector. «Encontrar gente es muy complicado —reitera—, algo falla, había que preparar a la juventud». Su primogénito no quiere «las jornadas, de 12 o 14 horas; en siete u ocho horas bien trabajadas sacas adelante mucha obra y te vas cansado para casa». Reconoce que al principio le parecía «un poco rollo». «Pero a medida que vas haciendo cuartos de baño y ves cómo quedan (me gusta alicatar), y luego un día colocas ladrillo, otro haces un tejado, no es nada monótono. Las cubiertas me gustan mucho, porque me gustan las alturas, aunque pegue el sol (aprovechamos los meses de verano), hace falta un mes mínimo, porque te tienes que parar en los Velux, la chimenea... porque no puede entrar agua, lo sellamos todo con fibra, lo impermeabilizamos bien y nunca hemos tenido ningún problema. En este trabajo es lo que hay, calor y frío».

A sus amigos, casi todos de A Coruña, donde vivió unos años esta familia que ahora reside en Betanzos, no les atrae la obra. «La gente joven no se quiere manchar las manos, busca un chollo cómodo y cobrar bien —sostiene—, ninguno de mis colegas está en la construcción». Su padre conoce bien el gremio. Optó por las rehabilitaciones «porque la obra nueva ocupa mucho tiempo». «Trabajamos bastante en Pontedeume, como hay subvenciones para restauraciones en el Camino de Santiago mucha gente se anima. Hay bajos comerciales, pero la mayoría son para hospedaje, viviendas de uso turístico para alquilar y también pensiones», detalla. Estos días trabajan en la reforma interior de una casa de A Tahona, detrás de la iglesia.

«Algunas calles del casco histórico son muy estrechas y hay que buscarse la vida, a veces es complicado por el material, la grúa no llega, no es accesible para el camión y tienes más trabajo manual, de carretar materiales», comenta. Antes de optar por el autoempleo, hace unos 15 años, estuvo contratado en varias empresas. Su fuerte es «la albañilería en general» y ha sufrido, como todos, el desmesurado incremento de los precios.

Una clientela fiel

«El que quiere hacer obra tiene que adaptarse —sentencia—. Los materiales cerámicos subieron algo fuera de serie; ahora se calmó, pero no bajó. Por un euro compras dos tejas y antes te daban cuatro. Algún cliente se queja, pero sabe que todo subió. Iba a empezar un tejado y se encarecía tres mil euros, el cliente lo comprendió y le dio para adelante. Tienes que hablar siempre antes con él. Tengo buena clientela, fiel, y unos traen a otros».

Fernando García, presidente de la Fundación Laboral de la Construcción: «El sector en Galicia necesitará entre 2.400 y 2.700 personas al año por las jubilaciones»

Fernando García (Lugo, 1977), gerente de la Fundación Laboral de la Construcción, se muestra categórico: «Hay una crisis generalizada de mano de obra en el sector, es el problema más importante que tiene [...], hay que intentar atraer a los inmigrantes y la gente joven, y tratar de que las mujeres al menos valoren entrar en la construcción como una posibilidad, porque no existe ninguna cuestión objetiva que lo impida». ¿Por qué se ha llegado hasta aquí? «Hay un motivo transversal, demográfico, y otro de envejecimiento, porque durante la crisis no hubo renovación. Y la gente no está acostumbrada a tener que formarse para ir a la obra (se iba aprendiendo), y ahora, al estar cada vez más tecnificado, se necesitan menos personas de baja cualificación y la formación formal es necesaria», responde.

Con una media de edad próxima a los 48 años y el alto número de jubilaciones que se van a producir en poco tiempo, García estima que «se van a necesitar entre 2.400 y 2.700 personas al año, mínimo, en Galicia». «El sector tiene más de ocho mil empresas, en esta comunidad, muchas micropymes, y a pesar de que el número de trabajadores está creciendo, aunque poco, el de empresas está bajando, porque no hay relevo para los que se jubilan y cesa la actividad», abunda.

En la Fundación trabajan para acabar con la «imagen de la construcción como algo atávico» y su gerente incide en que «las condiciones económicas son buenas y las laborales no tienen que ver con las que hace años. En A Coruña, antes del covid muy pocas empresas tenían jornada continua, y hoy cada vez es más normal y eso está haciendo que el sector sea más atractivo».