Pilar Porta, tendera de Meirás que se jubila: «¿Vacaciones? ¿Cuándo? Nunca, ahora sí»
VALDOVIÑO

Con 66 años y ocho meses recién cumplidos, Pili de Suárez se retira, al fin, «cansada y quemada» después de trabajar de lunes a domingo desde hace dos décadas
21 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Es su último día de trabajo y por la puerta se asoman algunos clientes. «Enhorabuena Pili», le desea una de ellas. «Ya llevan casi todo el mes despidiéndose de mí», comenta Pili divertida. Ella es Pilar Porta Vidal, Pili de Suárez, como la conocen todos en Meirás (Valdoviño), y este miércoles fue el último que se puso tras el mostrador de su tienda. Al fin se jubila y cierra un pequeño negocio de esos que venden de todo situado en el lugar de Taraza, anexo a Casa Suárez, un restaurante de toda la vida que resiste el paso del tiempo.
—¿En gallego o en castellano?
—Yo nací en León, así que algunas veces me sale hablar en castellano y otras en gallego porque llevo aquí toda la vida.
—Así que cierra la tienda.
—Llevo 21 años detrás del mostrador y me llegó el tiempo de la jubilación, tengo 66 y ocho meses, y mañana [por hoy] ya estará cerrada, pero andaré por aquí unos días para recoger.
—Nació en León, ¿cómo llegó a Meirás?
—Mi padre era gallego, pero trabajaba en León de minero, quedó tres veces enterrado en la mina y lo prejubilaron muy pronto. Vinimos a pasar un verano y ya nos quedamos, yo tenía 9 años, así que en Meirás estoy desde siempre. Mi padre murió con 42, al poco tiempo que venirnos para aquí. Mi madre era de allá.
—¿Cómo fue su vida antes de coger la tienda?
—Poco estudié, fui al colegio que estaba junto a mi casa, pero antes no te daban opciones de seguir, cumplía los 14 años en diciembre y ya no pude entrar en el curso.
—Y se pondría a trabajar en el campo...
—No, no, en casas, limpiando. Me casé con 16 años, así que ya te digo, toda la vida en el mismo sitio.
—Se casó y tuvo que trabajar en casa, ¿no?
—Tuvimos vacas, trabajé en restaurantes, en la fábrica...
—¿Qué fábrica?
—En Maneiras, allí enfrente a la residencia, luego cambió de nombre. Lo dejé por un revés tonto porque ya estaba fija y me vine a trabajar a un restaurante que estaba enfrente de mi casa, hasta que decidí coger la tienda.
—¿La tienda ya existía?
—Sí, hace muchos años que existe. Todo esto es de Casa Suárez, restaurante y tienda. Yo se la cogí a una de las nueras de los dueños. Hasta hoy.
—¿Cómo han sido esos 21 años tras el mostrador?
—Bueno, no es muy fácil para una tienda pequeña, tienes que hacer en el verano lo más posible para pasar el invierno, porque hay que seguir pagando facturas y todo sube. La dueña, Magdalena, nunca me subió y estoy pagando casi lo mismo que cuando entré. Murió hace poquito, estoy muy agradecida (se emociona).
—La tienda es la única que había en Meirás.
—Hubo otra, Canducha, así que esta es la única que queda hasta Lago, que está allí Castro, y por los alrededores yo creo que no queda ninguna tienda pequeña más hasta llegar a Valdoviño.
—¿Qué vende?
—Un poco de todo, la fruta, el pan, la prensa, a veces tenía carne salada, cuando empecé tenía mucha cosa, pero después fui dejando porque no se vende.
—Venderá, sobre todo, cuando llegan los veraneantes.
—Vender, vendes todo el año, sino no podría haber estado tanto tiempo aquí, pero más potente es en verano, que es cuando puedes ahorrar para el resto del año.
—Los clientes llevan un mes despidiéndose de usted, decía.
—(risas) Muchos. Tengo una señora de Barcelona que viene aquí a pasar el verano, no contaba con ella este año porque pensé que no encontrara casa, pero vino y me dijo, ‘¿pero no te van a hacer la despedida?' Todos los días se despiden de mí, eso ya no se lleva.
—¿Le va a dar pena cerrar?
—Mira, por una parte sí, pero por otra te digo que no.
—Estará ya cansada de trabajar, claro...
—Cansada y quemada, porque aquí estás todos los días de lunes a domingo y festivos, tenía libre el día de Navidad y Año Nuevo, no tenía más.
—¿Así que estaba aquí sola trabajando?
—Sí, al principio, en el verano, cogía a gente, pero después fue bajando todo. Y ahora tenía a una hija los domingos dos horas en verano.
—¿Nunca tuvo vacaciones?
—¿Cuándo? Nunca, ahora sí.
—¿Qué planes tiene para su vida de jubilada?
—De momento, descansar. Iré de viaje algún día cuando vayan las vecinas, pero, de momento, descansar, poner mi casa al día y estar con mi marido. Con la tienda tenía que andar siempre a las carreras.
—La tienda cierra, pero va a volver a abrir, según anuncian en Instagram.
—Sí, la va a coger una chica que vive en Narón, creo que quiere abrir en octubre para darle un cambio a la tienda.
—¡Qué bien que siga abierta! ¿No?
—Sí, la gente está contenta.
—Y usted se queda a vivir en Meirás entonces, ¿vendrá a comprar aquí después?
—Yo tengo la casa enfrente a Regueiro, vendré a comprar de vez en cuando, claro.
—Tiene hijos, ¿ninguno se planteó coger la tienda?
—No, no, una está en la cooperativa, otra trabajando en Ferrol y el chico está en los eólicos.