El equipo vigués resuelve un choque en que pudo pagar su poca intensidad
14 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.En años anteriores, cuando las cosas se le ponían mal al Celta o cuando ofrecía malas sensaciones en un partido acababa cediendo puntos. Si algo positivo tiene este equipo es que ha madurado y no se viene abajo cuando el viento sopla en contra.
El Nàstic demostró en Balaídos que no hay tanta diferencia en Segunda División entre el colista y los aspirantes al ascenso, sobre todo cuando el rival no juega al cien por ciento, como fue el caso ayer del equipo vigués. Los catalanes merecieron irse al descanso con ventaja en el marcador, pero no aprovecharon sus ocasiones y eso permitió que al final acabase siendo la mayor calidad celeste la que marcase la diferencia.
A menos revoluciones
Pero a pesar de la victoria, al equipo de Herrera el sufrimiento de ayer debe servirle como lección de cara al futuro. Si juegas ante el último clasificado al noventa por ciento pierdes balones en entregas fáciles, llegas tarde a las pelotas divididas y el contrario te va ganando terreno por esos pequeños detalles. En el primer tiempo los célticos jugaron a menos revoluciones que el Nàstic, y eso igualó las fuerzas y le dio a los visitantes las mejores ocasiones.
Incluso tras el uno a cero el Celta bajó demasiado su intensidad permitiendo irse arriba a un equipo muy limitado que no ha sido capaz de levantar un partido que se le pone en contra en toda la temporada. La situación era ideal para acabar goleando porque los catalanes tuvieron que abrir sus líneas, pero en vez de la sentencia, lo que hubo fue suspense hasta el final porque el Nàstic pudo haber empatado en dos o tres llegadas que generaron inquietud.
La manía de irse al centro
El Celta se bloquea muchas veces al intentar concentrar todo su juego por el medio. Cuando Orellana y De Lucas tienen tendencia a irse al medio, algo que ocurre a menudo, los espacios desaparecen y la defensa rival lo tiene más fácil para destruir el juego vigués y salir en contras peligrosas al robar balones que cogen al equipo descolocado.
Una individualidad de De Lucas
Quique de Lucas parecía estar bastante fuera del partido, como si no hubiese regresado todavía de las vacaciones, pero es un futbolista de los que en estos niveles siempre marca las diferencias. Es capaz de desequilibrar una balanza con un gramo de su calidad. Y precisamente en una de sus caídas al costado, donde más daño suele hacer, se sacó un centro envenenado para el portero y la defensa que solo tuvo que empujar con la cabeza Roberto Lago en el segundo palo.
367 minutos sin encajar
El dato más positivo es que el Celta sigue acumulando minutos con la portería a cero. Ya son 367 los que lleva Yoel sin recibir gol, o lo que es lo mismo cuatro partidos completos más siete minutos del encuentro ante el Sabadell en el que el Celta encajó por relajación tras ir ganando por 3-0. La pareja de centrales integrada por Oier y Túñez siguen demostrando una gran solidez atrás aunque ayer el segundo tuvo un par de indecisiones que pudieron costarle caro al equipo.