Hasta que se le dio utilidad, en el año 2004, el acuario de A Compostela había sido, durante casi dos décadas, considerado como un edificio maldito. Había sido construido mediada la década de los ochenta por César Portela, Premio Nacional de Arquitectura, y concebido como parte de un paseo marítimo que no llegó a completarse.
Fue en el 2001 cuando, gracias a un plan experimental de empleo, pudo ser recuperado, con un proyecto, en este caso, desarrollado por el arquitecto José Luis Marchetto, que respetó el exterior del edificio que rompe A Compostela en dos, pero modificó por completo el interior para adaptarlo a sus nuevos usos: de acuario, uso para el que fue ideado y como todavía se lo conoce popularmente, a punto de atención al visitante y centro de interpretación de la ría.
Una vez que finalizaron las obras hubo que esperar todavía unos meses, a su inclusión en el programa Interreg, dotado con fondos europeos, para que el edificio pudiese ser equipado y entrar en funcionamiento.
A mediados del 2006 se abría al público el nuevo centro de interpretación de la ría, al mismo tiempo que se inauguraba, muy cerquita de allí, prácticamente cruzando la calle, el museo del ferrocarril que se había habilitado, también dentro del programa Interreg, en la antigua estación de Carril. Años después, los vecinos han vuelto a rescatar la polémica y entienden que la mejor opción para el acuario es su demolición.