Hace unos días vi en una noticia de La Voz de Galicia que el Concello de Cee iba a prohibir el botellón en los lugares de dominio público y, como consecuencia de esa orden, proceder a sancionar a todo aquel que la incumpliera e ingiriese alcohol en la vía pública. Después de dos semanas, parece que la cosa marcha. Es de aplaudir y seguir este ejemplo para los ayuntamientos preserven, junto con las padres, el que tengamos, entre otras enfermedades, chicos cirróticos. Hay ayuntamientos que inconscientemente fomentan este tipo de ilegalidades al no perseguir esta acción tipificada en la Ley de Seguridad Ciudadana y además, buscándole un sitio «adecuado» para su celebración e incluso habilitando carpas al efecto. La alarma social que existe en este momento no es precisamente porque los jóvenes se intoxiquen con el alcohol, sino que esa alarma se produce porque molestan a los vecinos. Que la iniciativa del Concello de Cee sirva para que en otros cunda el efecto, a pesar de que ahora va a ser muy difícil erradicar tan atolondrada actitud, y valga para buscar posibles soluciones a tan nefasta dejadez.