E n el análisis de noticias es fácil caer en la tentación de sobreinterpretar los hechos y creer que todo lo que ocurre es deliberado. Quizá más adelante surja alguna prueba de que la violencia de los hinchas en Port Said fue provocada por una mano negra, pero, de momento, todo lo que se ha divulgado suena a las leyendas urbanas habituales en estos casos: personas extrañas que fueron vistas entre los hinchas del club atacante, supuesta ausencia de la policía, armas blancas en manos de los aficionados...
Ninguna de esas cosas es inusual en los partidos de la liga egipcia, una de las más violentas del mundo, y los incidentes estallaron a consecuencia de un gol que nadie podía haber planeado. La semana que viene estaba previsto que el Al Ahly se enfrentase a su auténtico rival, el Zamalek, en El Cairo, no en la relativamente apartada Port Said. De querer alguien provocar el caos, ¿por qué no esperar unos días?
La explicación más razonable es que lo ocurrido tiene más que ver con el fútbol que con la política, lo que no quiere decir que la política no tenga nada que ver. El estado de excitación en el que se encuentra la sociedad egipcia, y el abismo que separa a buena parte de ella de la policía y el Estado, hacen que cualquier masa humana se vuelva incontrolable.
Los incidentes también tienen que ver con la política en cuanto a sus consecuencias, porque ponen en marcha dos fuerzas contrapuestas. Por una parte dan una nueva oportunidad a los militares para justificar una tutela aún mayor de la transición democrática. Pero por otra, si la violencia se extiende y se intensifica, el poder del Ejército puede tambalearse.
Una manera de medir cuál de las dos fuerzas va ganando impulso es observar atentamente las declaraciones de los Hermanos Musulmanes. De momento, han culpado de los incidentes a «agentes de Mubarak», lo que les evita un enfrentamiento directo con los militares, que es a los que señalan los seguidores de Al Ahly.
Alianza táctica
Los Hermanos Musulmanes, que han ganado las elecciones y están enfrentados a la oposición laica, mantienen una alianza táctica con el Ejército, pero esto podría cambiar si este interrumpe el traspaso de poderes. Entonces podría volver a formarse un frente de toda la oposición y amenazar la estabilidad del Gobierno militar. Como siempre, los días clave serán los viernes, día de reuniones en las mezquitas. Es decir, hoy y dentro de una semana.