En el caso del ferrocarril al puerto exterior, el reloj corre en contra de los intereses locales. De ahí la necesidad de que desde el Ministerio de Fomento se impulse de modo definitivo una infraestructura que acumula ocho años en su fase más inicial, la del estudio informativo.
La secuencia temporal es muy clara. Al margen de los beneficios que el convoy acarrearía a todo tipo de tráficos, hay uno especialmente sensible a su existencia. Se trata del de contenedores. Las obras de la terminal internacional tienen que ponerse en marcha en breve. Está programado que en mayo se reciban las dos grandes grúas adquiridas en Algeciras por TCL, la firma lusa propietaria de FCT, que explota la concesión. El tráfico tendrá que iniciarse este mismo año, tal y como se indicaba en el pliego de condiciones que rigió el concurso.
La diferencia entre un tráfico de contenedores modesto y una gran terminal la marcará la ampliación del canal de Panamá. Está programada para mediados del 2014. En otras palabras, dentro de solo dos años y medio. Las obras del ferrocarril se han estimado en cuatro años. Dicho de otro modo, si empezasen mañana -y se solventasen de un plumazo los trámites intermedios- el tren podría operar en el 2016.
Ya se llegaría tarde. Pero no demasiado. Solo el hecho de que se inicien las obras permitiría comercializar mucho mejor la terminal y captar clientes. Con un proyecto que solo está plasmado en un papel es mucho más difícil.
Las grandes navieras requieren intermodalidad completa marítimo-terrestre para tender líneas a puertos nuevos. Y a Ferrol solo le queda el tren para poder disponer de todos los servicios.