La canciller ha perdido dos presidentes y dos ministros por sus conductas
18 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La dimisión de un ministro o de un alto cargo por casos de corrupción, tráfico de influencias u otros delitos suenan de vez en cuando en Europa. Por contra, la renuncia de un jefe de Estado no es habitual, y menos por esas causas. Por otras muy distintas, en 1991 lo hizo Mijaíl Gorbachov, para dar lugar a la disolución de la URSS. Hace dos años, fue el jefe de Estado de Kosovo, Fatmir Sejdiu, quien dejó el puesto después de que el Constitucional fallara que había violado la Constitución al simultanear la presidencia y el liderazgo de un partido.
Pero, en los últimos años, la dimisión del presidente alemán, Christian Wulff, es la primera en Europa Occidental de un jefe de Estado por sospecha de corrupción. Su antecesor, el cristianodemócrata Horst Köhler, dimitió en el 2010, pero por justificar con la economía la intervención militar en Afganistán.
El caso de Wulff es algo más que especial. Porque ha tardado demasiado en irse y, al mismo tiempo, los motivos de su espantada ahora, tras verse sentado en el banquillo al solicitar la Fiscalía la pérdida de inmunidad, salpica al cargo que ocupaba, el más alto del Estado y al que se le presupone la máxima instancia moral del país.
Durante el Gobierno de Angela Merkel, en Alemania ya se han producido cuatro dimisiones: las dos citadas y dos ministros de Defensa, uno en activo, Karl-Theodor zu Guttenberg, y otro, Franz-Josef Jung, cuando ya era responsable de Trabajo. El primero, que había sido titular de Economía, dimitió el año pasado tras correr por las redes la verdad sobre su tesis doctoral: un plagio de publicaciones de otros. Jung dejó Trabajo por hechos ocurridos en la legislatura anterior, cuando fue jefe de Defensa: ocultar información sobre un bombardeo en Afganistán que causó más de cien víctimas.
En Londres, el Gobierno de David Cameron también ha tenido ministros efímeros, en concreto tres. Recién llegado el nuevo Ejecutivo, en mayo del 2010, el liberal David Laws (Tesoro) fue ministro unos días. Cayó por abusar de las dietas parlamentarias. En octubre del 2011, su compañero en Defensa, el conservador Liam Fox, renunció entre las acusaciones de que favoreció a un amigo. Y el liberaldemócrata Chris Huhne (Energía) dimitió este mes tras ser acusado por la Fiscalía de ocultar en el 2003 una infracción de tráfico, que intentó endosar a su esposa.
En Irlanda las cosas no andan mejor. Dos ex primeros ministros tuvieron que hacer las maletas antes de tiempo. Bertie Ahern, en el 2008, por su supuesta implicación en un caso de corrupción urbanística. Y años antes, en 1992, Charles Haughey dimitió por un escándalo sobre escuchas a periodistas.
En Italia, las últimas dimisiones más sonoras ocurrieron en el 2010 con Silvio Berlusconi. Él, con casos en los tribunales por razones económicas y hasta de prostitución de menores, solo dimitió «para evitar la quiebra del país». Pero antes, en julio, renunció su ministro del Federalismo, Aldo Brancher, tras intentar eludir un juicio en el que está imputado por blanqueo de dinero y apropiación indebida. El año anterior, el titular de Desarrollo, Claudio Scajola, había dimitido por la presunta compra de un piso de lujo con dinero negro.
En Francia, el caso más sonado fue la dimisión del ministro de Presupuesto, Éric Woerth, por los escándalos de corrupción que lo relacionan con el imperio L?Oréal, y la posible financiación ilegal de la campaña de Sarkozy.
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