Se comprende la decepción de la oposición siria tras la conferencia internacional de Túnez. El Consejo Nacional Sirio (CNS) esperaba que la batalla de Homs se convirtiese en su «momento Bengasi» que inclinase la balanza de la opinión pública hacia una intervención militar, como sucedió el año pasado en Libia cuando las fuerzas de Gadafi se disponían a asaltar aquella ciudad. Como entonces, también ahora la Liga Árabe está dispuesta a facilitar una intervención militar en Siria, y la cumbre vino a coincidir, incluso, con la muerte de dos periodistas occidentales en Homs (la de otros dos hace poco pasó más desapercibida cuando se comprendió que los habían matado los rebeldes).
La balanza, sin embargo, no se ha inclinado del todo, y todo se queda de momento en una aceptación, tácita en algunos países y entusiasta en otros, de que se va a armar a los rebeldes; algo que, de todas formas, ya se está haciendo desde hace meses.
La cumbre de Túnez era un atrevido intento de Arabia Saudí y la Liga Árabe de construir una legitimidad internacional al margen de la ONU, ahora mismo paralizada por el veto de Rusia y China. Pero EE.?UU. y sus aliados europeos han comprendido el peligro de crear ese mecanismo novedoso que podría terminar funcionando sin su supervisión.
En otros tiempos todo se hubiese quedado en esto. Pero Arabia Saudí, que escenificó su indignación por la «inacción» occidental, ha dejado en el aire la idea de una intervención militar puramente árabe para derrocar al régimen sirio. ¿Simple retórica? Recordemos que no hace mucho que sus tropas invadieron Baréin para aplastar las protestas ciudadanas allí, y que, tras el repliegue norteamericano que ha seguido al fracaso de Irak, Riad (junto con Catar) está tomando iniciativas cada vez más sorprendentes y agresivas en la región.
La caída de los regímenes dictatoriales laicos (Egipto, Túnez, Libia) le ha dado un control absoluto de la Liga Árabe, en la que hasta ahora su poder era limitado. Ayer lograba imponer a «su hombre» en Yemen y forzaba a los palestinos de Hamás, a los que financia en parte, a renegar de Damasco. Mientras que hay tantos ojos puestos en Irán, convendría prestar atención a este ascenso imparable de la casa de Saud.