De la orilla de la ría al lago Lemán

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN / LA VOZ

FIRMAS

Paquita Tilves y José Manuel Entenza, dos marinenses en Lausana

10 mar 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Cada verano, Paquita Tilves y su marido José Manuel Entenza recuperan una parte de su infancia y juventud al lado del mar regresando a su vivienda familiar en Marín. Ella nació en Ardán y él en la playa de Loira. Su vida el resto del año apenas podría ser más diferente, residiendo en la ciudad suiza de Lausana, situada en el lago Lemán y rodeada de las montañas de los Alpes, a miles de kilómetros de la costa y a miles de metros sobre el nivel del mar.

En la actualidad, ella es enfermera y trabaja en el Hospital Universitario de su ciudad. Él, biólogo, da clases como profesor del departamento de Microbiología de la Universidad de Lausana y dirige un equipo de investigación.

«A nós personalmente a vida nos foi moi ben aquí, pero ninguén nos regalou nada», señalan. Paquita es más incisiva incluso: «A emigración é moi dura, te corta das túas raíces e non eres de acá nin de alá».

Al comentar la actualidad del país helvético recordó que hace unas semanas un periódico suizo publicaba reportajes sobre las duras condiciones que afrontan los nuevos emigrantes al país, entre ellos, el caso de un gallego. «Oímos de xente que vén buscar traballo, pero non o atopan e hai quen remata durmindo no coche», precisa. El nivel de vida suizo es muy caro y los ahorros previstos por un emigrante se desvanecen como el humo en poco tiempo, sobre todo si no se conoce a nadie que pueda garantizar un trabajo o alojar en una casa.

Para esta familia marinense, la situación fue bastante mejor, aunque quieren dejar claro que en Suiza, como en gran parte de Europa, no importa tanto la típica pregunta ¿de parte de quién vienes?, que a su entender tiene mucho peso en España, sino la capacidad personal de cada uno en su trabajo. En la Confederación Helvética se trabaja y mucho -la semana laboral es de 42 horas-.

«Nós empezamos desde abaixo, en 1980, e chapurreábamos algo de francés que aprendimos na escola», indica Paquita. Ella ya venía con un contrato de trabajo, que no era estacional como otros muchos gallegos emigrados a esta zona. Por esta razón, tampoco se considera muy representativa de esa emigración, donde muchos pasaron por grandes problemas profesionales y económicos. Suiza era una tierra de oportunidades, pero hay que esforzarse por hacerse su hueco y carecer de una formación adecuada abocó a muchos gallegos a trabajar en los mismos sectores de los que escaparon al hacer las maletas e irse a Europa.

El choque cultural es un factor a tener en cuenta. Admiradora de la cultura y de la lengua gallega, Paquita se adaptó con éxito al país de acogida, tan diferente en muchos aspectos a la Galicia de los años ochenta. «O máis difícil foi adaptarse a unha mentalidade estrita de funcionamento. Os horarios cúmplense, os trens chegan a tempo. A puntualidade suiza non é un mito», manifiesta. Todo lo contrario pasa en Marín, donde destacan que aún hoy el bus puede retrasarse tanto que, en su opinión, está «peor que hai trinta anos».

Un cachito de Galicia pervive en el nombre de uno de sus tres hijos, Xurxo Adrián -el joven reivindica el primero frente al segundo, más fácil de pronunciar para sus vecinos-. El otro varón se llama Héctor y la única chica Dana.

El amor a su tierra natal nunca se ha aminorado. Los tres hijos hablan perfectamente el gallego y sus padres se han preocupado de que conozcan la tierra de sus ancestros. Para Paquita y José Manuel, el corazón está «partido» entre los dos países, aunque para sus hijos Suiza será siempre su referencia principal.