Ni hablar del peluquín

FIRMAS

18 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Tiene su gracia, en el fondo, Mariano Rajoy. El viernes pasado, su Consejo de Ministros celebró una reunión funesta que en algunos sitios ya se conoce como el Consejo de la Tijera. Allí, el señor de Pontevedra incumplió lo poco que le quedaba por incumplir: subió el IVA, bajó el sueldo a los funcionarios y recortó, de paso, cualquier atisbo de esperanza que pudiera quedar en España. Pero un hombre de barba como él conserva, en el fondo, ciertas dosis de humor. Porque no deja de tener su coña que, justo cuando recorta, a quien más recorte sea a los peluqueros, los maestros de la tijera. Por hacer la competencia.

Pasarán de cobrar un 8 % de IVA por cada servicio a un 21 %. Así que las señoras que se peinan cada diez días se peinarán cada veinte, los señores que se tiñen las canas cada dos semanas se las teñirán cada mes y muchos cambiarán la peluquería por la maquinilla.

Los peluqueros de Vigo están desolados. Aquí la mayoría son mujeres: según datos de la Xunta, ellas representan un 94 %. A partir de septiembre el colectivo prevé cierres en masa y despidos, lo que provocará más paro juvenil, pues el 41 % tienen menos de 26 años.

Pero, ¿por qué a ellos? ¿No tenían suficiente con la SGAE, que los cruje por tener la radio puesta? ¿Qué tiene Mariano Manostijeras en su contra? ¿Es por envidia?

Yo opino que nada. Lo que ha hecho Rajoy es más bien, una especie de guiño a la historia, una broma para quienes, dentro de unos años, estudien estos días inciertos. Rajoy, dirán, fue el presidente que penalizó recortar. Su amigo Federico Trillo habría contestado aquello de «¡Manda huevos!». Pero él, que es un señor exquisito y decimonónico, se pondría más fino y repetiría una frase que dice con frecuencia: «Ni hablar del peluquín».

angel.paniagua@lavoz.es